www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Veinte años de una gloria

José Manuel Cuenca Toribio
lunes 07 de septiembre de 2009, 17:26h
Dentro de pocas semanas se cumplirá un veintenio de una efemérides literaria importante por muy empañada que aparezca debido a la controversia que continúa acompañándola. Pues, en efecto, con la salvedad del Nobel recibido por el autor de Platero y yo, los restantes en idéntica materia otorgados a escritores españoles fueron escoltados por la polémica, en especial, el primero –D. José Echegaray, hoy en la ultratumba más recóndita de nuestro panteón de las letras- y el último, Camilo José de Cela y Trulock. En ambos casos, la disputa se manifestó más ardida dentro que fuera de España, fenómeno, por lo demás, nada infrecuente en los usos y costumbres de la cultura ibérica. Centrada más en el ejemplo echegariano en el terreno artístico que en el ideológico, en el celiano estuvo –y está aún…-, por el contrario, en éste.

De ahí, por ende, que convenga transitar enseguida a otro, no sin dejar señalado, con la modestia que le es obligadamente propia al responsable de las presentes líneas, que el premio Nobel fue dado muy en razón al novelista de La familia de Pascual Duarte, pluma en verdad, de otro lado, todo terreno, con fulgores especiales y casi inimitables en el autobiográfico. Pero, en fin, insistamos, huyamos aquí lo antes posible de campo tan movedizo como siempre resulta ser el axiológico en temas artísticos, ya que, por contera, el escritor coruñés estuvo también dotado de un formidable esprit de repartie, de cuyo copioso arsenal extrajo justamente en tal lance sus armas más envidiables, sin dar jamás cuartel a sus adversarios ni solicitar tampoco nunca tregua o árnica de ellos.

Aunque la Fundación que custodia –de igual modo que en todo lo atañente a la vida y memoria de quien escribiese La Colmena, polémicamente- el legado celiano está colmada de iniciativas, no sería acaso inoportuno sugerir que, cara sobre todo, a la inminente conmemoración, su staff centrara sus afanes en potenciar frente a las jóvenes generaciones la dimensión de su vasta obra más distanciada de diatribas y diferencias críticas y analíticas. Es ésta, por supuesto, su faceta de contador insuperable de historias y andanzas viajeras por algunas provincias españolas en la coyuntura de comedios de la centuria pasado. Bien se sabe que los gustos y sensibilidad literarios constituyen una moneda harto sometida a la acción del tiempo, y que es sumamente difícil aventurar con alguna certeza cuáles serán los que rijan no de aquí a varios siglos, sino dentro de escasas décadas. Mas aún así, se ofrece como muy probable que sea dicho aspecto del universo literaria celiano el que más resista los antuviones del tiempo, descubriéndose, por su riqueza documental, hervorosa galería de semblanzas de toda condición –singularmente, de gentes errantes y humildes- y calidad expresiva, como un cuadro de vida y costumbres de valor impagable. En todo caso, siendo el emborronador de estos renglones un aprendiz de historiador contemporaneísta, no se acusará a la propuesta de excesivamente impertinente; y quizás las removidas cenizas de quien, en muy buena hora artística diese a la estampa esa joya intitulada Viaje a La Alcarria, contemplaran bienhumoradamente una solicitud ingenua y acemada de toda militancia banderiza.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios