El Gobierno y su “Cine de Barrio”
miércoles 23 de septiembre de 2009, 00:47h
Ignasi Guardans comparecía ayer lunes en la comisión de Cultura del Congreso para hablar, entre otras cosas, de un asunto tan espinoso como es el de las subvenciones al cine español. Bien es verdad que el director general del Cine habló de otros muchos asuntos de su negociado, pero lo que realmente importaba era el trío endémico de males que asola desde hace tiempo a la industria cinematográfica nacional: subvenciones dadas con el amiguismo como único criterio válido, falta de respaldo popular y excesiva politización. Guardans, fiel al Gobierno que le nombró, se dedicó a camuflar la crisis con excusas de mal pagador, revelando al mismo un optimismo hacia el presente y futuro del cine español que ni él mismo se cree.
Hasta los datos aportados por su departamento van en contra suya: España va a la cola de Europa en espectadores de cine local. El problema no es nuevo, ni tiene visos de solución inmediata. Menos aún con las peregrinas medidas propuestas por Guardans, quien anunciaba criterios de “discriminación positiva”, a la hora de otorgar dinero público en función del género de quien realice el proyecto. O lo que es lo mismo, las mujeres que quieran obtener una subvención tendrán más facilidades que los hombres. Como si directoras de la talla de Isabel Coixet o Icíar Bollaín necesitasen un empujoncito por su condición de féminas.
La crisis del cine español tiene un remedio infalible: competencia como sendero de calidad. El número de títulos mediocres que han consumido ingentes cantidades de dinero público sin respaldo alguno de taquilla es tan abultado como intolerable. El público es soberano, pero no idiota. Aparte de las superproducciones de Hollywood, hay películas sin tanto presupuesto cuya recaudación habla por sí sola. Ocurre que muchos profesionales del sector se han acostumbrado a tirar con pólvora ajena. No arriesgan nada, como los productores antiguos -o los modernos no afines a la causa-, sino que se descansan en una política de generosas ayudas concedidas por un Gobierno al que no deben rendir cuenta alguna. En todo caso, ponerse detrás de alguna pancarta y enarbolar la bandera cultural del progresismo, responsable de que las salas de cine donde se proyectan películas españolas cada vez estén más vacías. Hacen falta otra serie de estímulos aparte de los puramente económicos, o las cosas seguirán igual. Hay gente en el cine español con mucha valía que se ve eclipsada por la mediocre dictadura “progre” que rige el sector. Ya va siendo hora de eliminar criterios de privilegio y aceptar la selección del mercado.