El PNV bombero de Batasuna
domingo 18 de octubre de 2009, 03:28h
El Partido Nacionalista Vasco (PNV), en un intento por defender la identidad vasca, se encuentra recogiendo los escombros ETA. De acuerdo con el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, la manifestación que tuvo lugar este sábado en San Sebastián de los sindicatos ELA, LAB, ESK, STEE-EILAS, HIRU y EHNE, en contra la detención de nueve imputados de intentar reconstruir a Batusuna, la cual se encontraba abiertamente apoyada por el PNV; es una estrategia político-militar cuidadosamente orquestada por la banda terrorista, que no da señales de cambiar su estrategia de actuación, si no más bien, todo lo contrario.
La posible recomposición del brazo político de ETA, resulta un hecho inquietante que puede afectar el desempeño y la imagen del PNV de cara a la opinión pública vasca, debido a la simpatía que demuestra el partido por los radicales vascos, sobre todo dentro del sector de aquellos nacionalistas que no ven en la violencia terrorista la solución al amplio y complejo conflicto vasco. Desgraciadamente, no es la primera vez que el PNV sale en defensa de grupos y partidos terroristas cuando estos se ven, como en esta ocasión, acarralados. La situación en el País Vasco sería muy otra si el nacionalismo extremista, pero pacífico, hubiera elegido democracia y libertad frente al patrioterismo nacionalista.
Por otra parte, en esta coyuntura, se demuestra, una vez más, la persistencia del modelo Zapatero-Blanco de alianza estratégica con los nacionalistas, más allá de coyunturas forzadas por la aritmética parlamentaria, como en este caso con la votación de presupuestos. Una tendencia que ya venía anunciada al romper los socialistas vascos con el compromiso de entregar la Diputación de Álava al PP, vencedor en minoría en dicho territorio foral. El problema de la política nacionalista del señor Zapatero es doble. En primer lugar, porque rompe con el acuerdo constituyente sobre política territorial con el otro gran partido alternante. Pero además, y en segundo lugar, es que las concesiones de Zapatero no tienen, como se comprueba en este caso, una respuesta recíproca por parte de los nacionalistas ni resultan en una mayor integración de los nacionalistas. Antes al contrario. Lo mínimo que el gobierno Zapatero debía haber exigido del PNV es un apoyo a su política anti-terrorista o, al menos, que no articulara y voceara un apoyo a las marcas franquiciadas por ETA.