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“Interdependencia” palabra clave en América del Norte

Marcos Marín Amezcua
martes 27 de octubre de 2009, 20:00h
México, a quince años de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), puede valorar los pros y los contras que le ha acarreado tal instrumento; con él le ha sido necesario revalorar la importancia de una política exterior que siempre ha sido activa, pero no necesariamente ha sido eficaz, sino paradójica. Ha aprovechado su frontera con EE.UU. a pesar de que se le mire alejado de Latinoamérica y ha aprovechado las inversiones y la tecnología estadounidenses en la medida de lo posible.

Ciñéndonos al tratado en vigor desde 1994, con plazos liberadores que culminaron de manera total en 2009 y que ilusamente se limitaría a un simple acuerdo comercial como se planteó (“exportemos aguacates, no personas”, se limitó a decir Carlos Salinas, entonces presidente de México), puede afirmarse que ha sido benéfico en ciertos rubros y en otros, no. Ha dejado pendiente los temas migratorio y ambiental; y es preciso decir que en ambos lados de la frontera hay opositores furibundos. Pero la integración de América del Norte ha enseñado una palabra insalvable a sus partes integrantes: interdependencia. A ella se suma la triangulación de planteamientos que alejan a Canadá, Estados Unidos y México de adoptar medidas unilaterales, desincentivándolas. Eso en un mundo unipolar, se agradece. La cooperación se impone.

Canadá ha descubierto un interlocutor hispano con el cual comparte una enorme frontera con la primera potencia mundial; ambos vecinos se saben con agendas complejas frente a ella, si bien diferentes, pero que hacen a México y a Canadá “compañeros del mismo dolor” y les da similares ventajas y capacidades para actuar. Para México eso supone una excelente oportunidad de diversificar su política exterior en la medida de lo posible y con ello, ambos países logran aligerar el peso de la relación bilateral que sostienen con EE.UU., al hacerla trilateral. El TLCAN ha demostrado en más de una ocasión, que los tres países están interrelacionados cada vez más y fuera de lo comercial. Es insondable qué rubros terminarán empalmándose aún más, pero es innegable que desde hace tiempo ninguno de los tres países ha podido imponerse per se en la política regional. Ninguno lo ha hecho y han tenido que sortear muchos obstáculos para avanzar, no quedando más remedio que buscar puntos de acuerdo. Hay políticos en la región que se oponen a ello, pero saben que no hay marcha atrás.

En efecto, EE.UU. ya no ha podido imponer decisiones por sí solo a sus vecinos, con el único afán de resguardar sus intereses de manera unilateral, muy a su estilo. Por el contrario. hoy son más vulnerables frente a sus vecinos y socios y eso ha costado mucho trabajo que se acepte y se reconozca en Washington y en el mundo académico estadounidense. Que EE.UU. hoy es más que interdependiente, lo es; como lo son entre sí sus dos vecinos. Hoy la relación es mucho más de ida y vuelta. Es triangulada e interdependiente. El libre comercio está superado y está abarcando rubros acaso más importantes.

Dos ejemplos puntuales enlistan esa estrecha relación, más allá del consabido tema escabroso del narcotráfico en la relación México-EE.UU. o de la imposición de visado de Canadá a México. Dos temas lo dejan ver: La defensa regional y el tema migratorio, que nos permiten apreciar la interdependencia y sus límites perfectamente bien delineados. EE.UU, no ha podido formar una alianza real con sus dos vecinos. La quiere, sí. Lo más que ha podido hacer tras el 11 de septiembre, es crear relativamente, escudos defensivos de muy bajo perfil y obtener discursos de apoyo tibios en su lucha emprendida contra el terrorismo tanto en Ottawa como en Ciudad de México.

El tema migratorio muestra la impotencia estadounidense a imponerse. Es más interesante aún. No ha cesado el flujo de ilegales desde México, necesarios en la economía más rica del mundo que escamotea sus sueldos y se ahorra dinero con ellos. México no ha alcanzado un acuerdo con EE.UU. ni EE.UU. ha podido imponer una política fronteriza eficaz y lo saben. No lo ha hecho pues necesita esa mano de obra barata que le permite obtener las ganancias que por ley, escamotea a esos trabajadores ilegales. Canadá ha optado por contratar campesinos mexicanos con pago de vuelo de avión en viaje redondo, que le ha permitido controlar dicha migración en temporada de cosecha y a un mismo tiempo, le facilita proporcionar beneficios que tales trabajadores han sabido aprovechar, quienes no desean permanecer en Canadá.

Así, en política exterior la interdependencia marca el ritmo de las relaciones entre los tres países. Difícilmente uno se impondrá a los otros dos. Ni México gana mejores acuerdos ni Canadá impone sus medidas proteccionistas ni EEUU sus barreras y sistemas de defensa sin una negociación puntual con un estira y afloja propio de tales procesos. Los tres países están aprendiendo a entender que la interdependencia no tiene marcha atrás.
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