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Daño visible

Mayte Ortega Gallego
martes 27 de octubre de 2009, 20:20h
Hoy no costaba coger la mano a un desconocido en torno al Bernabéu. Hoy la gente se ha puesto un impermeable amarillo con el nombre de alguna persona que ha sufrido una lesión cerebral. El mío era Rosana C. No te conozco Rosana C. En este país de desmemoria, nadie se acuerda de las víctimas que sobrevivieron al accidente de coche, por ejemplo, y que tras la estabilización fueron devueltas a su casa. Entre otras cosas no se acuerdan porque las cifras de la DGT cada vez silencian más el número de supervivientes y de hacerlo contabilizan igual a los del rasguño y a los de lesión cerebral.

El día 26 de octubre se celebra el Día Mundial del Daño Cerebral Adquirido y varias asociaciones españolas, encabezadas por la Fundación Lescer, se han concentrado en Madrid, se han unido en una cadena humana para pedir mayor visibilidad y apoyo. Ha habido un respaldo institucional multitudinario y ojalá pudieran desgranar mi ironía porque no ha venido nadie salvo Jaime de Marichalar (Presidente de Honor de la Fundación) que ha intervenido con la lectura de un manifiesto apenas audible por problemas con la megafonía.

F. y M.E. me han contado una historia que he oído mil veces, es la historia de la desorientación, de buscarte la vida y tirar de conocidos porque no hay ningún camino claro en la rehabilitación neurológica en España. El único camino y valga la similitud fonética es caro, son clínicas privadas, algunas con concierto (las menos porque la Comunidad de Madrid ha retirado su apoyo a una de las pocas que funcionaba en Madrid. Si algún responsable de Asuntos Sociales quiere llamar al teléfono de aludidos, puede hacerlo en directo).

Si se ha logrado salvar la vida de alguien pero han quedado secuelas no se puede permitir que el destino de esa persona sea directamente proporcional al arrojo y valentía de su familia para no cejar en su recuperación. Es necesario un protocolo de actuación que indique qué hacer, dónde acudir, cuál es el paso siguiente y no encogerse de brazos y decir “lo siento”. La rehabilitación neurológica es un camino largo que no entiende de criterios de eficiencia y rentabilidad y que mejora ostensiblemente la vida de quienes pueden llevarla a cabo. Se llama todo lo que Vd., Seguridad Social, quiso saber sobre la neuroplasticidad y nunca se atrevió a implementar. Seguro que Rosana C., a la que simbólicamente hoy representaba, me da la razón.

Mayte Ortega Gallego

Coordinadora de programas de la Comisión Europea

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