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miércoles 28 de octubre de 2009, 20:25h
El mundo de los medios de comunicación social vive básicamente de la inmediatez, de la noticia, posiblemente de lo efímero. Nuestro tiempo es el de las prisas, la rapidez, el aquí y ahora. Sin embargo, cada cierto tiempo no viene mal un poco de sosiego, de reflexión y dar a las cosas su recorrido temporal, más allá del presente. Ahí es donde una gran olvidada de nuestro tiempo: la Historia, tarde o temprano acaba imponiendo su siempre sabio criterio. Explico el motivo de esta reflexión.
Hace pocos días, en todos los medios de comunicación aparecían los candidatos del PSOE y del PP a las elecciones municipales y autonómicas de 2011. Los primeros con el despatrimonializado Chaves como maestro de ceremonias y los segundos con Arenas haciendo similar papel. Entiendo lógicamente la relevancia de esta noticia de los dos principales partidos políticos de España, pues entre ambos tienen más del 80% de nuestros diputados. Tan sólo quiero llamar la atención sobre otra noticia que hoy por hoy no tuvo tanta relevancia, pero que sin embargo, puede contribuir a cambiar paulatinamente la historia democrática de nuestra castigada -políticamente hablando- España.
Ese mismo día que actuaban Chaves y Arenas, Rosa Díez presentaba en San Sebastián a los 21 candidatos del nuevo Consejo de Dirección de UPyD, que se elegirán en su I Congreso los días 20, 21 y 22 de noviembre. Hoy la noticia no tuvo gran eco mediático, sin embargo, podemos estar ante una nueva realidad política que puede realizar cambios importantes en nuestra deteriorada vida política. Hay algunos hechos que merecen ser destacados a este respecto.
Primero. Es la primera vez que en la democracia española hay unas primarias en condiciones, donde votan todos los afiliados y se asumirán los resultados de su opinión. La nueva cabeza del partido será la que decidan sus afiliados.
Segundo. La democracia precisa de ciudadanos activos y responsables. Víctor Pérez-Díaz, en su último libro El malestar de la democracia nos advierte de los peligros de los ciudadanos confusos, pasivos e irresponsables. Para que la democracia degenere, no sólo se precisa de malos políticos, si no también de ciudadanos que miren para otro lado cuando esto sucede. En este sentido UPyD asume la cuota de responsabilidad que le corresponde para evitar esto, haciendo lo que debe hacer: abrir nuevos caminos para tratar de salir del laberinto en el que estamos.
Tercero. Como se pueden imaginar, las dificultades son todas. Tratar de sacar hacia delante en la España actual un nuevo partido político es un auténtico milagro. Los partidos políticos tradicionales y sus amplísimos círculos de poder, especialmente mediático, ponen todo tipo de dificultades, UPyD molesta a mucho gente, salvo a los ciudadanos. Esta es la gran baza de UPyD, y lo que comienzan a temer los partidos tradicionales.
Cuarto. Por último, sin duda, el gran patrimonio y fortaleza de UPyD se basa en tres pilares: la generosidad y entrega de un gran número de afiliados que creen en este proyecto; el haber elegido las opciones correctas en las grandes cuestiones que afectan a la política española; y en tener una líder que lleva muchos meses siendo la política mejor valorada por los ciudadanos españoles.
Termino, aunque no saliera mucho en los medios, puede haber 21 personas, más muchas otras junto a ellas, que con su ilusión, trabajo y perseverancia pueden aportar lo mejor de la política española en los años venideros: tiempo al tiempo.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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