El desbarajuste interno del PP
viernes 30 de octubre de 2009, 00:41h
La suspensión de militancia de Ricardo Costa anunciada ayer por el Comité de Garantías del PP sorprendía a propios y a extraños. No había habido ni nuevas filtraciones del sumario del caso “Gürtel” -cosa rara- ni movimiento sospechoso alguno en el seno del Partido Popular valenciano que justificase semejante repente, tras haber dejado pasar meses y disparates sin intervenir. Lo único novedoso: unas declaraciones del propio Costa en las que, de modo absolutamente cortés, reivindicaba su trayectoria como militante y secretario general. Y es que en el cese temporal de sus funciones anunciado hace dos semanas por María Dolores de Cospedal sólo quedaba claro que Costa cambiaba de ubicación en cuanto a su escaño y que el portavoz popular en las Cortes valencianas pasaba a ser otro.
Semejante cadena de despropósitos es el resultado de no hacer las cosas bien y a su debido tiempo. A la vista de la información de que dispusiese, estaba en manos de la dirección nacional del PP adoptar una decisión en el sentido que fuese sobre Costa. Pero hace mucho, pero que mucho tiempo. Este cambio de paso dado ayer es difícilmente digerible por una militancia que ya empieza a estar cansada de una falta de rumbo tan alarmante. Ese mismo Comité de Garantías que debía aguardar hasta el próximo 4 de noviembre para enjuiciar los exabruptos de Manuel Cobo contra Esperanza Aguirre no tuvo problema alguno en decidir ayer –por fin- sobre Costa, empleando una vara de medir para ambos casos igualmente inexplicable.
El problema es triple para Rajoy. Por un lado Valencia, donde la dirección nacional no parece tener las cosas muy claras acerca de cómo proceder. Por otro la comunidad de Madrid, en la que nada menos que105 de sus 111 alcaldes han firmado un manifiesto de apoyo a Esperanza Aguirre y en contra de las descalificaciones vertidas por el tándem Cobo-Gallardón, reflejando bien a las claras con quién está la militancia madrileña. Y además Cataluña, con un escándalo mayúsculo de corrupción que implica a CIU y PSC y del que el PP sacará poco rédito político, estando sumido como está en una brutal crisis de liderazgo tanto a nivel catalán como nacional. Así las cosas, no es de extrañar que el PP no despegue en las encuestas. Y eso que lo debería de tener muy fácil, con un Gobierno cuya calamitosa gestión salta a la vista. Pero si ese mismo Gobierno no está a la altura, algo parecido se puede decir del principal partido de la oposición. Ya va siendo hora de que ambos empiecen a hacer las cosas como deben, en lugar de arruinar a España unos y de dar un espectáculo lamentable los otros.