Los escombros de la dictadura argentina
miércoles 04 de noviembre de 2009, 01:09h
Argentina aún le duelen las cicatrices dejadas por la brutalidad del régimen militar que gobernó al país entre 1976 y 1983, que igual que ocurre con muchos países del Cono Sur con unos antecedentes de represión, muerte, torturas y desapariciones, similares; le ha sido difícil pasar las páginas de su propia historia, para buscar la manera de hacer justicia sin hipotecarse en el pasado. Por lo que sentar en el estrado a un grupo de hombres octogenarios, no despierta necesariamente remordimiento o compasión en una población que busca los responsables de uno de los episodios más lamentables de la política latinoamericana.
Si bien el juicio al último presidente de facto de la Argentina post Malvinas, Reynaldo Bignone, así como de otros ex funcionarios del régimen militar no “edita” el pasado, por lo menos es un pase de factura que tanto este ex mandatario como sus cómplices deben pagar a la golpeada sociedad argentina.
Nadie podría llegar a imaginar que este señor con imagen de “nono” italiano, ha estado detrás de 26 delitos de lesa humanidad contra 56 víctimas en centros clandestinos que operaban durante el régimen que presidía. Allanamientos, torturas y privación ilegal de la libertad, son algunos de los delitos que se le atribuyen a Bignone en este proceso judicial que arrancó en una audiencia de Buenos Aires, mas no son los únicos, ya que también se le imputan el robo de hijos de los desaparecidos, así como el secuestro y la tortura del personal de un hospital de la capital argentina.
Es indudable que para que los argentinos cierren este capítulo de su historia reciente, que ya lleva treinta años en puntos suspensivos, necesitan hallar un aliciente y sentar a los culpables en el banquillo, aunque éstos sean tan sólo el espectro de los escombros de un pasado que nunca debió tener lugar. Para la Argentina fueron unos años tremendos que se iniciaron con las actividades de una guerrilla terrorista y sangrienta y siguieron con una dictadura represiva y terrible. Se comprende que se exija e imparta justicia pero conviene recordar que la democracia es un pacto, un sistema de reglas, acuerdos y consensos mucho más que un tribunal de justicia