Ayala y López Vázquez, el adiós de dos gigantes
miércoles 04 de noviembre de 2009, 01:11h
El mundo de las letras hispanas perdía ayer a su ilustre decano y uno de sus más importantes referentes, Francisco Ayala. Hombre discreto, genial magnético, gozaba de ese difícil reconocimiento en vida reservado únicamente a los mejores. Precisamente por eso no se le conocían enemigos, lo cual es mucho decir en un mundo, el literario, plagado de envidias y mediocridad. Académico de la Real Academia de la Lengua y catedrático de Derecho Político, acumulaba en su haber toda una panoplia de distinciones acordes con su categoría intelectual y humana: Premio de la Crítica en 1972, 'Premio Nacional de Narrativa en 1983, Premio de las Letras Españolas en 1988, Premio Cervantes en 1991, Premio Príncipe de Asturias en 1998, y ya en 2006, las medallas de oro del Congreso y el Senado. Semejante colección de galardones no es tan abrumadora como la personalidad y la bonhomía de alguien irrepetible.
Su partida coincidía en el tiempo con el adiós de uno de los mejores actores de la escena española, José Luís López Vázquez, fallecido el pasado lunes y que ayer recibía un emotivo y merecido homenaje en el teatro que le viera debutar, el María Guerrero. Con López Vázquez se pierde a un talento irrepetible, cómico sublime con un punto trágico marca de la casa. Quién no sintió claustrofobia con “La cabina”, quién no deseó ser el ahijado del “padrino búfalo” en “La gran familia” -compartiendo protagonismo con otros dos monstruos de la talla de Alberto Closas o José Isbert- o quién no esbozó una sonrisa con “La escopeta nacional”. Tanto Francisco Ayala como José Luís López Vázquez coincidieron en dos raras virtudes: su genialidad y su capacidad de ser siempre ellos mismos sin por ello dejar de tener el reconocimiento unánime de sus respectivas profesiones. Ellos demostraron que no hace falta fabricar polémicas estériles o dorar píldoras políticas para vender más libros o llenar más salas de cine; basta con calidad, literaria en un caso y artística en otro, pero humana en ambos. Dos auténticos señores. Y todo un ejemplo.