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Opresión en Irán

jueves 05 de noviembre de 2009, 02:30h
El 30 aniversario de la toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán se saldaba ayer con varios heridos de bala y contusiones diversas, al cargar las fuerzas de seguridad y las milicias “Basij” contra una marcha de protesta convocada por los partidarios del reformista Musavi. La contundencia empleada por la policía y los matones del presidente Ahmadineyad no parece desanimar a una oposición cuyo arrojo contrasta con la de otros países con similares carencias democráticas, por ejemplo Venezuela. Resultan encomiables las ansias de libertad de un pueblo, el iraní, subyugado desde hace demasiado tiempo por una opresiva teocracia que teme cualquier atisbo de apertura.

Lo que está ocurriendo en Irán es de una enorme gravedad. Las libertades públicas brillan por su ausencia, y los derechos humanos de vulneran constantemente; de ahí la censura informativa que dificulta sobremanera la obtención de informaciones de lo que allí sucede. Parte de la comunidad internacional ha mostrado abiertamente su malestar por la represión y los juicios -sin garantía procesal alguna, dicho sea de paso- a que son sometidos quienes se oponen a Ahmadineyad, pero sigue echándose de menos una condena más global y contundente. Al mismo tiempo, organizaciones como Amnistía Internacional y esa entelequia -por cierto, de origen iraní- llamada Alianza de Civilizaciones guardan un silencio tan clamoroso como revelador. El problema de Irán, aparte de su petróleo, es que tiene como enemigos declarados a Estados Unidos e Israel, y eso hace que a más de uno le cueste condenar determinadas actuaciones. Pero en este caso, como en tantos otros, lo que está en juego es el respeto por la libertad y los derechos humanos, y en el actual Irán no existe ni una cosa ni otra, lo cual es intolerable. Basta ya de dobles raseros.
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