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crítica: "el rey lear"

Economía dramática y excesiva complicidad gestual

viernes 29 de febrero de 2008, 18:26h
Tras la anécdota del rey que en búsqueda de paz para su vejez reparte el reino entre sus hijas bajo el influjo de la soberbia, el exceso y el error, se levanta esta cima teatral de todos los tiempos. Estrenada en 1606, Rey Lear integra las piezas de la madurez y pone de relieve aspectos capitales de la relación entre el poder y los extremos a los que puede llegar el hombre.

Con un fuerte acento en un juego escenográfico -adecuado a la imponencia y exigencia del texto- que gesta un espacio donde conviven lo público y lo íntimo, lo monumental y lo cotidiano, se despliega una puesta que encuentra en la versión de Mayorga mucha economía dramática y en la dirección de Vera la capacidad de permitir el flujo del drama. Espectáculo sólido, con un ritmo pulsante, tirado por una de las mejores actuaciones de Alfredo Alcón –infinitamente más Lear que Alcón- al frente de un elenco en el cual, más allá de algún altibajo, destaca claramente Juli Mira en Gloucester seguido de Pedro Casablanc en Kent. Entre las actuaciones femeninas la de Carme Elía es la más pareja.



Siempre hay detalles. Estimamos que sobra, por completo, el juego de complicidad gestual con el público que realiza J. Noguero (de buena performance), ya que pertenece a otro género; que existe un desnivel fácilmente subsanable entre la primera y la segunda entrada de M. Gallego, que hay algunos rendimientos actorales más afinados hacia la segunda parte que en la primera, como es el caso de A. Triola; que no echaríamos de menos al médico ni en vestuario ni en acción; que a veces en las salidas de algunos parlamentos (especialmente en el caso de los hermanastros) conceden tiempos muertos innecesarios, etc.