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Secuestro en Yemen

Hidehito Higashitani
lunes 07 de diciembre de 2009, 13:05h
El secuestro de extranjeros es casi habitual en Yemen desde hace unos años y constituye un medio eficaz para presionar a las autoridades gubernamentales para que cumplan determinadas exigencias de las comunidades tribales o simplemente para llamar la atención sobre sus demandas.

El pasado día 15 de noviembre, Takeo Mashimo, ingeniero japonés de 63 años de edad, fue secuestrado junto con su chófer yemení por unos miembros tribales en la región de Arhab cerca de Saná, capital de Yemen.

El ingeniero trabajaba en el proyecto de construcción de edificios e instalaciones de una escuela primaria pública promovido por la JICA (Japan International Cooperation Agency), entidad gubernamental japonesa creada con el objeto de realizar la labor de cooperación en el ámbito económico y técnico para los países en vías de desarrollo. Actualmente se encuentran en Yemen más de veinte especialistas japoneses destinados por esta entidad y el ingeniero japonés ya llevaba más de un año trabajando en el proyecto. El secuestro tuvo lugar cuando se dirigía en coche como todos los días a su lugar de trabajo.

Acto seguido, los secuestradores pidieron al gobierno yemení a cambio de la liberación del ingeniero y de su chófer la puesta en libertad de unos familiares suyos arrestados por la policía por más de cuatro años sin ser sometidos a ningún proceso judicial.

En principio, el gobierno se resisitía a hacer concesiones a las exigencias de los secuestradores alegando que se trataba de unos extremistas islámicos que habían participado en Iraq en las actividades armadas contra Estados Unidos con su posible conexión con el grupo terrorista Al Qaeda.

Ante esta situación, los patriarcas tribales se ofrecieron rápidamente como mediadores entre el gobierno y los autores del secuestro e intentaron convencer a éstos para la inmediata liberación de los rehenes con la promesa de hacer esfuerzos por exigir al gobierno la pronta apertura del proceso judicial para los encarcelados para poder ser liberados por el conducto legal establecido.

Y gracias a esta eficaz mediación de los negociadores tribales, el ingeniero japonés fue liberado el día 23 por la noche con su chófer yamení después de nueve días de encerramiento en un habitáculo de unos 8 metros cuadrados, según comenta Mashimo.

En la rueda de prensa celebrada al día siguiente de la liberación, el gobernador del distrito que había desempeñado un papel importante para el feliz desenlace del incidente comentó con estas palabras de gratitud y de aprecio a la labor desarrollada en el país por el Sr. Mashimo: El ha construido una nueva escuela para nosotros. Nuestros niños nunca lo olvidarán.

Parece que la buena voluntad de los cooperantes internacionales agradecida y correspondida en este caso por los yemeníes ha sido uno de los móviles principales para que todo llegara a buen término. En resumidas cuentas, el primer paso para garantizar la seguridad personal de los cooperantes internacionales puede que sea ese espíritu de buena voluntad compartido por los que reciben a ellos.

En el curso de la rueda de prensa, cuando se le preguntó ”¿Ha cambiado su parecer sobre este país?”, Mashimo contestó de la siguiente manera:

-Comprendo perfectamente que la situación en que se encuentra este país es muy compleja. A pesar de este incidente que acabo de vivir, mi imagen sobre este país no es ni ha sido nunca mala. Las obras de la escuela siguen marchando a buen ritmo y para el mes de febrero del año que viene se espera estar concluidas. Por mí, aunque ahora tengo que ir a Tokio para un reconocimiento médico, me gustaría volver aquí pronto para completar la labor de cooperación internacional que me han encomendado y entregar la nueva escuela al gobierno yemení.

Yemen, con cerca de trece millones de habitantes, se sitúa económicamente en el nivel más bajo entre todos los países árabes con un PIB per cápita de alrededor de mil dólares según los datos del FMI de 2008 y más de la mitad de la población pertenecen a un estrato social ínfimo de probreza. Se podría decir que es una obligación casi insoslayable para la comunidad internacional echar una mano a este país, que además hoy en día constituye el punto clave estratégico importantísimo para las medidas contra los piratas somalíes que atacan a los barcos no militares.

No podemos dejar este rincón del globo en manos de los que violan la seguridad ciudadana e internacional. No cabe duda de que para los países desarrollados el espíritu de cooperación y de buena voluntad sigue siendo una las vías practicables y eficaces para ayudar a los habitantes de este país árabe para que puedan constuir una sociedad más justa y equilibrada y de vida ciudadana más segura.

Hidehito Higashitani

Catedrático de la Dokkyo University

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