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Antología del disparate político

jueves 10 de diciembre de 2009, 20:14h
Hace ya unos pocos años, aunque no llegó al honor de figurar en la lista de los más vendidos, obtuvo un espectacular éxito “Antología del disparate”, libro en el que un profesor de bachillerato –de cuyo nombre no puedo acordarme- recopilaba las barbaridades, memeces, estupideces y burradas escritas por diferentes generaciones de estudiantes. El autor editó varios volúmenes, a cual más desternillante, pero pudo haber escrito una enciclopedia.

Que yo sepa nadie ha patentado la idea de reunir en un libro los esperpentos políticos, aunque es probable que su venta fuera muy limitada pues el espectáculo diario que nos ofrece la televisión es suficiente y nos deja ahítos. Sin que se convoque ningún concurso dotado con un deseable premio en metálico, la política española se ha convertido en un show de disparates y tontadas al que comparecen juniors y seniors para ver quién es capaz de decirla más gorda y a un volumen más alto.

Este artículo siempre quedará atrasado pues cuando caiga en manos del paciente lector ya se habrán desgranado otras dos docenas de frases celebérrimas para el Espasa del esperpento político. He de confesarles que, por pudor, no me atrevo a incluir algunas de las últimas y que, dado que este periódico digital es abierto, he de excluir más de una de las genialidades de nuestros políticos pues no son toleradas para quienes guardan un mínimo de sensibilidad.

Siento, de verdad, empezar por Zapatero, maestro de la palabra que extrae gesticulante de su chistera. Pero me ha encantado una de sus últimas declaraciones: todo el mundo deberá acatar la sentencia del TC sobre el Estatuto, si bien desea que sea confirmatoria de la constitucionalidad, para añadir –sin inmutarse- que el TC debe trabajar “con libertad, autonomía e independencia”. Me sublima la coherencia.

También me ha sublimado la frase de María Teresa Fernández de la Vega sobre la misma sentencia, que ha vaticinado que será “razonada y razonable”, aunque no se queda a la zaga Mariano Rajoy al afirmar que “la única salida del lío del Estatuto es cumplir la ley”. ¡Qué profundidad genial!. Me encantan quienes elevan a categoría lo obvio. Pero es que el Estatuto ha dado mucho juego a los fraseólogos.

Es gloriosa y digna de enmarcar la propuesta de la Vicepresidenta económica, Elena Salgado, pronunciada en una conferencia de The Economist. Atentos: “No haría una recomendación generalizada de rebaja de los salarios porque en un contexto de contracción de la demanda, podría golpear todavía más el consumo de las familias”. Traducido al lenguaje tabernario: el Gobierno puede subir impuestos y tasas y eso no tiene ningún efecto de contracción del consumo. Pero los empresarios deben soportar sobre sus espaldas la reducción de beneficios. ¡Es extraordinario el escribidor de discursos!, pero por más que se disfrace la realidad para hacerla irreconocible a los destinatarios, la incoherencia se escribe igual en todos los idiomas.

Me resulta imposible recordar la declaración de Moratinos tras el triunfo en Honduras de Porfirio Lobo. Apoyo al ex-Presidente Zelaya, reconocimiento del pronunciamiento electoral de los hondureños, necesidad de observar el desarrollo de los acontecimientos y el parecer de nuestros socios. ¡La gallina!.

Tampoco tiene desperdicio la declaración de no recuerdo qué responsable (?) político, que cuatro o cinco días antes de que terminara el secuestro del Alakrana, dijo que faltaba poco para la “liberalización” de los marineros. Por lo visto, pensamos algunos, los pobres pescadores eran intervensionistas o dirigistas y los pensaban mandar a Chicago a recibir cursos de neocapitalismo liberal.

Desde luego es un crack el Presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, quien parece disfrutar con sus boutades exclamativas envueltas en canapés de anchoas. Y los de ERC, todos sin excepción, dan mucho juego y serían capaces de llenar tomos y tomos. Aunque algunos viejos románticos se acuerden de Ramallo, de Sagasta, de Xirinachs, de Hernández Sito..., los nuevos no lo hacen nada mal. ¡Y eso que los taquígrafos corrigen las faltas de ortografía y las incorrecciones léxicas!

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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