La guerra: execrable, siempre, inevitable, a veces
sábado 12 de diciembre de 2009, 02:45h
Una de las virtudes del presidente norteamericano, Barack Obama, es decir cosas que en boca de otros serían poco menos que anatema. Sólo así se explica que, ante su ponderado pero firme análisis de la naturaleza de la guerra -una “locura” del hombre siempre; pero inevitable y necesaria, a veces- casi nadie se haya atrevido a alzar la voz. Quizá porque en su discurso ha silenciado a los que criticaban su nombramiento como Nobel de la Paz, compartiendo y admitiendo dichas críticas, al mismo tiempo que hablaba sin ambages de las amenazas militares que acechan al mundo, en clara referencia a aquellos que dudan de su firmeza. Así, las advertencias a Irán y Corea del Norte acerca de sus políticas belicistas no han podido tener un marco mejor que el de la entrega del Nobel, dándoles, si cabe, un significado mayor.
Porque lo que ha de inferirse del discurso de Obama es que, en ocasiones, la guerra es imprescindible si lo que se quiere es preservar la paz. Puede que este argumento haya desencantado a más de un “progre” antimilitarista, pero está cargado de sentido común. Máxime, viniendo de alguien que ha puesto fecha a la retirada de las tropas norteamericanas de Irak y Afganistán, y que se ha decidido a desmantelar Guantánamo. Una cosa es hacer lo posible para evitar los conflictos, y otra muy distinta esconder la cabeza cundo éstos se producen: los americanos tienen un dicho para ello y es evidente que el Presidente Obama “no quiere ser el último en ser devorado por el cocodrilo”. La guerra es abominable, ha de ser siempre el último recurso, pero no por ello ha de obviarse el hecho de lo inevitable que resulta en algunas ocasiones. Todo un aviso a navegantes, tanto a los hostiles como a los amantes de lo políticamente correcto.