La pizza napolitana, patrimonio de la UE
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 13 de diciembre de 2009, 16:58h
Finalmente, una buena noticia: ahora si, la pizza será tutelada en toda la Unión Europea. Después de un iter de más de cinco años, la UE ha concedio el certificado de “especialidad tradicional garantizada” (ETG) a uno de los símbolos de la tradición napolitana. La certificación ETG sirve para valorar los productos agroalimentarios cuyas peculiaridades no dependen del lugar de origen del producto, sino de la composición y del modo de producción tradicional del alimento. Los pizzaiolos napolitanos se han preocupado de entregar una detallada receta (seís paginas-imagino que había muchas fotos) sobre la manera de elaborar la masa y las caracteristicas que la hacen única. La pizza deberá responder a unos requisitos que garanticen su calidad: peso, diámetro (nada de americanada gigante), espesor (no superior a 0,4 cm, así que ni una masa tan fina similar a una hoja de papel, ni tan gorda como una torrija) ingredientes (un freno a la fantasía: no a la turca con kebab, a la hawaiana con piña, a la japonesa con sushi, a la del lidle con atún y bacon, a la alemana con todo lo que se encuentra en la nevera), cuidadosa preparación (al menos, seis horas de reposo) y, sobre todo, se tiene que comer recién salida de un horno de leña.
Para amasarla, no están permitidos otros instrumentos que las manos. Nada de rodillo o de maquina a disco, sólo los brazos de los pizzeros, pizzaiolos (por cierto, es un trabajo durísimo: recuerdo que en mi breve experiencia –de apenas tres meses en una pizzería iraní en Dublín!- donde me dolía mucho la espalda y, para hacer la masa fina, desarrollé una técnica llamada de “Bud Spencer”: una batería de puños fuertes sobre cada bolita de masa). El resultado asume mayor importancia si recordamos que en pasado la UE había rechazado la solicitud por objeciones de Alemania (¿temor por la competencia a salchicha y chucrut?) y luego de Polonia (¿la pizza le quitaba mercado al gulash?). De esta manera, la que ha sido objeto de pésimas imitaciones, será tutelada: en la capital de las imitaciones, Nápoles, se han preocupado de defenderse de los plagios.
Me alegra que la UE se ocupe de problemas de este calado y muestre de esa manera su presencia en la vida del sur del País. Quizás podríamos discutir sobre las prioridades: merece la pena recordar que el sur de Italia representa “el territorio atrasado más vasto y poblado de la zona euro” (palabras del Gobernador de la Banca de Italia), que la criminalidad organizada se infiltra en las administraciones públicas (y en el Gobierno- Cosentino, Cosentino: estaba seguro de que tus amiguitos te habrían salvado, garantizándote la inmunidad frente a la acusa de asociación camorristica), que el mercado negro sea a la luz del sol y sustento de muchas familiar o que el PIB per cápita esté por debajo del 60% del centro-norte de Italia. Discutimos de pizza, luego de otros problemas.
Y me alegro también que la mayoría de los periódicos nacionales hayan brindado más relevancia a esta noticia que a la entrada en vigor el pasado 1 de diciembre del Tratado de Lisboa (confieso que yo también lo supe de rebote por boca de uno de los más amenos e interesantes columnistas de este periódico). Poco importa que este nuevo paso en el proceso de integración se ponga como objetivo mejorar la eficacia de su toma de decisiones, aumentar la democracia interna y ganar peso en el mundo. Por eso no me extraña que en Nápoles, exista un curso “para sentirse jóvenes europeos”, acercando los ciudadanos a las instituciones (¡existe de verdad! Ya lleva dos ediciones y está promovido por la Región).
Como ya hemos señalado en anteriores colaboraciones, el Sur de Italia y, sobre todo, Nápoles merecerían mayor atención por parte de la UE. Aprecio que se ofrezca una garantía a uno de los símbolos nacionales (desde el 1889, creada para Margarita de Saboya, la primera reina de la Italia unificada). Pero Nápoles merece más iniciativas, más incentivos, una presencia tangible del Estado y de la UE, “este desconocido”. Después de la emergencia basura, la ciudad está intentando fatigosamente recuperar el turismo perdido (este año se celebra el Barroco napolitano y se espera que San Gregorio Armeno, la calle de los belenes, atraiga muchos turistas, lanzando la última novedad: pequeños pastores a imagen y semejanza de la persona querida –madre, novia, hermana, abuela-). La UE debería preocuparse en invertir en el Mezzogiorno, de relanzar Nápoles, haciendo que este “paraíso habitado por diablos” se convierta al menos en un purgatorio. Ya, un infierno donde ya no se respeta ni la tradición: el pasado 10 de diciembre robaron el árbol de navidad de 6 metros, dentro de la Galería Umberto. Se le conoce como el “árbol de los deseos”: deseo sólo que mi Nápoles levante cabeza…
Ps. Para la navidad qué alguien le regale al Cavaliere un libro de chistes: joder, ¡cuenta siempre los mismos!
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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