La paradoja sindical
martes 15 de diciembre de 2009, 20:18h
Cuenta Casanova que, durante su estancia en Londres, oyó a su amigo Lord Pernhoke ordenar a su criado que le afeitase.
- Pero- dijo Casanova- si no hay vestigio de barba en vuestra cara.
- Nunca lo hay- replico el inglés-, hago que me afeiten tres veces al día.
- ¿Tres veces?
- Sí, cuando me cambio de camisa me lavo las manos; cuando me lavo las manos tengo que lavarme la cara; y la manera más adecuada de lavarse un hombre la cara es con una navaja de afeitar.
(Historias de la Historia: Carlos Fisas).
La situación económica española es crítica. Algunos datos: La tasa de paro roza el 18% en el tercer trimestre de 2009, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, cifra que alcanzará el 20%, como afirman todos los pronósticos, en el cuarto trimestre. Hasta septiembre del presente año las empresas declaradas en concurso de acreedores son 4.308, lo que contrasta con las 2.902 del total de 2008 y con las 907 concursadas durante el 2007. El Estado español tiene un déficit presupuestario que alcanza ya el 10% del PIB, y que es ya once veces la cifra de hace un año, quintuplica la prevista para el 2009 y supera en 50 mil millones la de todo el año 2008.
Ante esta situación calamitosa, los sindicatos se ven en la obligación de intervenir. Pero, qué hacer si el Gobierno ha cedido en todas las reclamaciones hechas. La solución, una manifestación contra la patronal, un perfecto ejemplo de lucha obrera. Una manifestación preventiva para evitar posibles medidas que reduzcan los derechos obtenidos. La buena costumbre de los sindicatos de manifestarse ante situaciones sociales injustas ha sido representada el pasado sábado mediante un acto esperpéntico. Los sindicatos reclamaban que los empresarios no se aprovecharan de la crisis y que eran estos los responsables de la actual situación que padece el país, reclamando, a su vez, políticas activas de empleo, lo que quiera qué signifique esto. El drama es tal que si no fuera por ello, los lemas de la parada moverían a risa. Si la misma manifestación hubiese esgrimido la reivindicación de la paz en el mundo o de la fraternidad entre los hombres, ésta habría tenido mayor razón de ser.
Pero no nos engañemos, los sindicatos cumplen su cometido. El Gobierno no ha afrontado la necesaria reforma laboral, que debía haber llevado a cabo hace meses, no por coincidencia en la convicción de las tesis sindicales sino en términos de réditos electorales. En esta situación los sindicatos no son parte de la solución, son parte del problema. La función de los sindicatos es de gran utilidad social, por nadie discutida. El problema reside cuando son los sindicatos los que dictan las políticas económicas en vez de actuar como contrapeso de las aspiraciones de la patronal, intentando mantener o mejorar las condiciones de trabajo. Los sindicatos, sin embargo, no son los culpables de que se haya llegado a este extremo. Un gobierno que adolece de una falta total de valentía y responsabilidad es el que debe responder a todas las críticas. El pánico a implantar medidas impopulares acrecenta el problema. No resolver los problemas es garantizar un problema mayor y este gobierno pretende resolver los problemas mediante geniales quimeras que, lejos de resolverlos, los disfraza.
Al Señor Rodríguez Zapatero, Presidente con complejo de Viridiana, le crecen los gigantes. La situación económica unida al aprovechado independentismo, a la falta de respeto a España en el exterior y a la reivindicación territorial del Al-Andalus por parte de Al Qaeda, conforman un escenario que como mínimo da miedo.
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Abogado
CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)
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