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La doble moral de la Ley de Aborto

viernes 18 de diciembre de 2009, 02:33h
El Congreso aprobó este jueves la controvertida y muy debatida Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, mejor conocida como la Ley del Aborto. Una legislación que fue votada con un considerable 52,5 por ciento de la cámara, lo que supone la mayoría absoluta del pleno, contó con el apoyo del PSOE, PNV, ERC-IU-ICV, BNG y Na-Bai, pese a la dura oposición del PP, Coalición Canaria, UPN y UPyD.

Si bien es cierto de que es imperativo de que las legislaciones se ajusten a los retos de los tiempos actuales, lo cierto es que esta ley va más allá de otorgarle a las mujeres “el derecho a decidir” sobre su propia maternidad, sin distinción de que puedan tratarse de menores de edad de 16 y 17 años a las que se les permite tomar semejante decisión sin el consentimiento de sus padres o representantes legales. Se trata de analizar qué tipo de sociedad estamos construyendo de cara al futuro, desde un punto de vista pragmático y objetivo, sin hacer valer por ello al factor religioso.

La Ley del Aborto debe ser un instrumento que, aun cuando ha sido aprobado para garantizar un derecho, el mismo debe ser regulado con el objeto de que no sea interpretado e instrumentado como un “método anticonceptivo” más, sino como un recurso jurídico con el que puedan contar las mujeres inmersas en una situación dramática y si no hallan otra opción. La aprobación de esta legislación no puede naufragar en la ausencia de otras iniciativas jurídicas e institucionales que ofrezcan distintas alternativas, que también faciliten a las mujeres decidir sobre su propia maternidad y no obligarse a privarse de ella, por falta de recursos y de ayudas; a la par que impulse un conjunto de medidas integrales que fomenten la sexualidad consciente.

A pesar de que la Ley se ha convertido en una de las principales banderas sobre la “igualdad” en España, indirectamente excluye a la figura masculina de su papel dentro del embarazo, lo que promueve la “paternidad” irresponsable. Y es que un embarazo es asunto de dos y no de uno, como aduce implícitamente sin proponérselo, esta legislación, que si bien protege un derecho que ha de ser respetado, permite a menores a abortar aun cuando no tiene la edad legal para comprar una cajetilla de tabaco o una lata de cerveza.

Por eso, se trata de una legislación más conflictiva que debatida y pensada, mucho menos aún sopesada y consensuada. Probablemente, una mayoría considerable de la opinión española apoya una regulación moderada y ponderada del aborto. Sin embargo, el texto aprobado no obtendría ese apoyo. Es una medida que divide, crispa y enfrenta y que difícilmente pasaría el corte de un referéndum: un modo de proponer y hacer en que el señor Zapatero se ha convertido en experto consumado.


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