El presidente del Barcelona mantiene reuniones con Reagrupament, única formación que a día de hoy le ofrece ser candidato a la Generalitat tras el desprecio de CiU y ERC. La de Laporta es una opción temida. Favorables y detractores subrayan que el abogado es la persona más influyente de Cataluña y que su discurso cala en las nuevas generaciones. Ya no esconde sus cartas: el Barcelona, el mejor equipo del momento, no ha sido más que un trampolín para la ambición política de un independentista confeso.
Joan Laporta, abogado barcelonés de 47 años y presidente del mejor Barcelona de todos los tiempos, es hoy día un huérfano político con algún que otro pretendiente, un referente del independentismo catalán y una amenaza tanto para quienes defienden la españolidad de
Cataluña como para los que se aferran al ‘Catalonia is not Spain’.
Ganó las elecciones a la Presidencia del club en 2003 como un hombre elegante, educado y conciliador. Hoy, su imagen es la de un personaje aficionado a la fiesta, a las mujeres, al improperio y al escándalo, culpa suya o de la que él llama “caverna mediática españolista”, que publicó, tras el partido que enfrentó al Barcelona y al Real Madrid, unas fotografías en las que, trajeado, bailaba junto a unas jóvenes en una discoteca a altas horas de la madrugada y empapado de pies y cabeza de
Moët & Chandon. La misma “caverna” que supo del presunto espionaje a sus directivos, encaminado a tener todo bien atado en su sucesión al frente del club. Odiado y querido en
Cataluña, es, indudablemente, según explican fuentes de distintos partidos catalanes a
EL IMPARCIAL, “la persona más influyente del momento” en la autonomía, por encima de
José Montilla o profesionales carismáticos como
Andreu Buenafuente e incluso
Pep Guardiola.
Dirigentes del propio nacionalismo catalán reconocen a este periódico que “lo único que no ha conseguido Laporta es que la gente lo identifique con el Barcelona”, ya que el más exitoso de los equipos en los últimos tiempos tiene proyección mundial mientras su presidente se afana en declarar el catalán como idioma oficial del club o en despreciar a todo lo que proceda de fuera de
Cataluña. “Me pregunto si tampoco le importan los socios de Extremadura, Madrid o Andalucía, o los millones de seguidores del Barça en el mundo”, apuntan desde CiU.
En
Cataluña, pocos dudaban de que presidir el Barcelona no era la mayor aspiración del abogado. Todos sabían que acabaría en la política, pero no que se implicaría tan pronto, incluso antes de haber concluido su etapa en el club. "Cataluña está muriendo y necesita ser independiente”, dijo
Laporta en el mitin que cerró en Vic la campaña a favor de las consultas de autodeterminación convocadas en 170 municipios catalanes el pasado 13 de diciembre. "Somos una nación y el país debe despertar. No os dejéis amedrentar e id a votar el domingo. No hay que dejar escapar la oportunidad de defender nuestra dignidad", dijo el presidente culé con una dialéctica tachada de “populista” y “agresiva” pero que, sin embargo, aseguran desde Cataluña, engancha a las nuevas generaciones nacionalistas y azuza a los descontentos de
ERC.

Laporta está ligado a la política desde los 90, cuando participó, junto a Pilar Rahola y Àngel Colom, en la creación del
Partit per la Independència (PI), pronto desaparecido por sus malos resultados electorales. En los últimos tiempos se ha vinculado a Laporta tanto con CiU como con ERC, pero quien más de cerca sigue sus pasos y desea su ‘fichaje’ es Joan Carretero, de
Reagrupament, que pretende congregar el independentismo en torno a unas únicas siglas, máxime cuando ERC no pasa por su mejor momento. Laporta sólo sabe que si da el salto a la política “será para ser un líder, no un mártir", es decir, que no está dispuesto a acatar un segundo plano.
Reagrupament le ofrece la oportunidad de encabezar sus listas y de optar a presidir la Generalitat, y ha confirmado que, pese a ser aún presidente azulgrana, Laporta ya ha mantenido reuniones y mueve hilos para tener un hueco en la política cuando abandone el club en unos meses.
Ya es sabido que tanto
CiU como
ERC no van a acogerlo en su seno. Reconocen su popularidad, pero también advierten de su populismo e incluso de su “actitud chulesca”, que no encaja, en opinión de estas formaciones, en el perfil de partidos clásicos y asentados, para los que supondría una revolución y probablemente una guerra interna.
Por tanto, el
Laporta líder, "no mártir", tendrá que resguardarse del tirón de los partidos tradicionales bajo el paraguas de siglas hoy por hoy minoristas, pero que pretenden dar al presidente azulgrana libertad de movimiento. El desprecio de convergentes y republicanos traza una línea de separación entre ellos y la persona más popular de
Cataluña, sin duda un movimiento arriesgado pero también un salvavidas para la convivencia interna de estas siglas. El ‘Mesías del independentismo’, como ya se conoce a Laporta desde sus círculos más cercanos, deberá caminar solo y cada día con más piedras en el camino por las últimas informaciones extradeportivas y políticas publicadas sobre su persona. Quizá culpa suya, o quizá de la caverna mediática españolista.