Serbia en Europa
miércoles 23 de diciembre de 2009, 09:28h
Uno de los últimos cometidos de la presidencia de turno de la Unión Europea, en manos de Suecia hasta que le ceda el testigo a España en 2010, ha sido la de recibir la solicitud de ingreso de Serbia. Parece que su candidatura cuenta con visos de prosperar, si no inmediatamente, sí en un plazo no superior a unos pocos años.
Conviene recordar que de las antiguas repúblicas yugoslavas, sólo Eslovenia -la más rica- ha conseguido sumarse a la UE. Croacia, miembro de la OTAN desde este mismo año, tiene previsto finalizar su proceso negociador para acceder a la Unión a lo largo de 2010 y entrar como miembro de pleno derecho en 2012. Albania, Macedonia y Montenegro ya han presentado su solicitud de ingreso pero aún han de comenzar con las negociaciones.
Si todo ello prospera, se habrá dado un paso de gigante en la normalización de una zona, la balcánica, durísimamente castigada a finales de los 80 y principios de los 90 por la desintegración de la antigua Yugoslavia. Entonces, sentimientos nacionalistas regados con odio de generaciones y generaciones desembocaron en un violento conflicto que costó la vida a miles de personas y produjo heridas que aún hoy no se han cerrado.
Serbia fue quien cargó con la mayor parte de culpa y, en buena medida, que sus autoridades hayan intentado reconducir a la opinión pública hacia posturas alejadas del ultranacionalismo de Radovan Karadzik, Slobodan Milosevic y Ratko Mladic –aún en busca y captura- ha supuesto un espaldarazo importante en su carrera hacia Europa. Por historia, Serbia merece formar parte de la Unión Europea, al igual que el resto de países balcánicos. Seguramente, las tensiones entre ellos no desaparecerán hasta dentro de mucho tiempo, pero qué duda cabe que el hecho de embarcarse en un proyecto común de la envergadura de la UE hará que al menos haya un interés en superar rencores pasados. Merece la pena darles la oportunidad de conseguirlo.