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El drama de África en el corazón del Caribe

Haití, el hijo olvidado de América

miércoles 13 de enero de 2010, 14:50h
La naturaleza tuvo que jugar una mala pasada al sufrido pueblo haitiano para que el mundo vuelva acordarse de él. Un terremoto de 7.0 grados en la escala de Richter, azotó impunemente al país más pobre y marginado del continente americano, abriendo nuevas heridas a una nación moral y físicamente devastada que todos saben que existe pero que nadie se atreve a mirar a “los ojos”.
Golpes de Estado, corrupción, violencia, hambre y miseria, han sido los comunes denominadores que han marcado el curso de Haití a lo largo de su historia. Un pequeño país del Caribe que más que un paraíso vacacional de cálidas aguas aturquesadas es lo más próximo al infierno y a la incertidumbre que se vive en África, pese a tener de vecina a la turística República Dominicana. Con un índice de pobreza extrema en donde el 80 por ciento de la población sobrevive con menos de un dólar al día, una tasa de vida que no supera los 57 años, y una crisis humanitaria sin parangón dentro de la región, Haití es, sin lugar a dudas, el hijo proscrito de América, aún cuando comparte la herencia española y francesa de sus vecinos.

Tanto la ONU, como la OEA o el Banco Interamericano de Desarrollo se han quedado cortos a la hora de contener los constantes abusos del que ha sido objeto el estado haitiano por parte de sus autoridades, que se han dado a la tarea de obstaculizar cualquier iniciativa exterior, como la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (UNMIH), para sacar al país de una perenne crisis política y social, que sólo es advertida en contadas ocasiones como la de este miércoles, cuando la tierra sepultó sin previo aviso, a Puerto Príncipe con un terremoto de 7.0 grados.

Sólo una tragedia de tal envergadura a este pequeño país poblado por 7,5 millones de personas,-de las que tres cuartas partes se van todas las noches a la cama sin comer-, hace que el mundo, pero sobre todo América, en especial los miembros de la Comunidad del Caribe (CARICOM), se acuerden de que existe, como una asignatura pendiente que se ha dejado archivar dentro de la agenda regional. Un aislamiento que ha contribuido a acentuar su fragilidad política e institucional, haciendo que la corrupción, las mafias y el crimen organizado estén a la orden del día.

El drama haitiano va más allá de las duras imágenes que este miércoles coronan los titulares de los medios de comunicación internacionales. Debajo de los escombros dejados por el terremoto se oculta la historia de un país dejado a su suerte, sin desarrollo ni infraestructura, en donde sus ciudadanos en calidad de refugiados, se buscan la vida como mejor pueden en la vecina República Dominicana, Jamaica o Cuba, y cuyos niños son desterrados de las aulas de estudio para ser armados y reclutados por las bandas criminales.

Un panorama propio de naciones como Uganda, Costa de Marfil, Sudán o Eritrea, pero que en realidad es el día a día de un país bañado por las azules aguas del Caribe. Se necesitarán más que esfuerzos, voluntades y millones de euros en ayudas humanitarias para que América salde su deuda histórica y diplomática con Haití.