El colmo de poner los cuernos al marido con un jovenzuelo
miércoles 13 de enero de 2010, 21:59h
Es como aquel estúpido juego que consistía en preguntar cuál es el colmo, por ejemplo, de un señor bajito y cabezón, para contestar a continuación que su apellido no es otro que el de señor Tachuela. En el caso del adulterio que ha conmocionado a Irlanda del Norte y ha provocado la dimisión temporal de su ministro principal, el colmo del asunto de la primera dama es, vaya tontería, tener la desgracia, además, de llamarse Mrs. Robinson, igual que el mítico personaje de la película El graduado que encarnaba la oscura Bancroft y que hizo famoso a un entonces desconocido e imberbe Dustin Hoffman, en el papel de su joven amante.
De paso, y sólo de paso, el asunto ha servido para que fuera de sus fronteras se vuelva a hablar de aquel país, aunque haya sido a causa del especial colorín rosa de la aventura extraconyugal que ha teñido de ese particular tono las páginas, normalmente en blanco y negro, de los periódicos denominados “serios”, que con la excusa de contar la difícil situación que atraviesa la delicada política del gobierno que forman unionistas y nacionalistas, han puesto del revés las vivencias de la descocada señora Robinson. Está claro que para un pueblo en el que la religión está más presente que la política en la existencia cotidiana de sus moradores, descubrir que la que tenían por piadosa primera dama, siempre en lucha implacable contra prostitutas y homosexuales, llevaba una doble vida con un lado oscuro y picante, ha tenido que ser un buen golpe, pero lo es mucho más que las complicadas negociaciones para continuar con la trasferencia en materia de orden público y de Justicia pudieran verse afectadas por la situación en la que ha quedado el que debería ser el verdadero protagonista de la historia, Mr Robinson, de quien se dice que puede ser el único que consiga sacar al ejecutivo de Stormont de la crisis en la que lleva varios meses por el rechazo unionista al mencionado traspaso que su contrincante político, el Sinn Fein, considera, en cambio, irrenunciable en su agenda política.
De momento, con ese plazo de seis semanas, parece que el partido unionista podrá alejar el fantasma de las elecciones anticipadas que alienta el Sinn Fein, pero no deja de resultar curioso que en el mundo miremos ahora los problemas de aquel país que, afortunadamente, dejó de estar de moda cuando se logró poner fin a los treinta años de terror y sangre que parecían marcar a fuego su historia, sólo por recrearnos en lo más morboso del incidente sexual.
Y puede que eso, lo más morboso, sea, después de todo, que la pobre Mrs Robinson haya tenido que ser ingresada en un psiquiátrico para “expiar” sus culpas y es que por mucho que se empeñe la sociedad políticamente correcta, todavía no es lo mismo un escándalo sexual de un político o esposo de una política que con sesenta años o más, se “líe” con una de veinte o menos. Y si no, basta con mirar las páginas de internacional de cualquier diario para comparar el affaire Robinson con la entusiasta acogida a Berlusconi, de vuelta con la cara rejuvenecida después de su bochornoso atentado, y al que muchos de sus compatriotas nunca censuraron por las comprometedoras fotos de chicas desnudas en los soleados rincones de su villa de Cerdeña, más bien lo contrario. O incluso, la dulce ironía con la que se relata que Bill Clinton no ha dejado de tener sus aventuras amatorias ni siquiera cuando su esposa se batía ferozmente con Obama. Qué injusticia. Y encima, Mrs. Robinson ha dejado “colocado” a su joven amante, desbordado por tanta entrevista y atención mediática en general.
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Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
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