La crisis en el currículum educativo
Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 15 de enero de 2010, 22:28h
A pesar de las dolencias que aquejan al sistema educativo británico, aún es sólido y en gran parte aún se asienta en las ideas liberales y humanistas del gran pedagogo Matthew Arnold, poeta victoriano e inspector durante treinta y cinco años de escuelas elementales. Fue él quien propuso y redactó un único “national curriculum” para toda Inglaterra en 1904, que fue aprobado con las “Regulations for Secondary Schools”. Lo mejor del sistema educativo inglés – permitir al hombre conocerse a sí mismo y al mundo – viene de él. El valor eterno de las humanidades, conocer las grandes hazañas del espíritu humano y las leyes que gobiernan la naturaleza y al hombre como parte de la naturaleza eran las grandes metas del que es quizás el más excelso curriculum liberal europeo. La “obra pública” de Matthew Arnold fue elogiosamente comentada por nuestra Institución Libre de Enseñanza, e influyó en los currícula nacionales de Alemania y Francia.
Pues bien, naciendo de estas ya centenarias raíces de humanismo útil y de utilidad humanista, y como respuesta educativa a la inmensa crisis económica que sufre hoy el mundo, Ed Balls, el Secretario de Estado Británico de Centros Educativos, reveló hace días unos detalles sobre un nuevo programa de economía aplicada que comenzará el próximo curso con clases sobre cómo ahorrar dinero en la hucha en forma de cerdito que tienen los niños ingleses. Estas clases sobre economía corriente, ahorro y conocimientos sobre la confección de un Presupuesto serán obligatorias para todos los colegios a partir de Septiembre del 2011. A los niños entre cinco y siete años se les enseñará a identificar diferentes monedas y billetes, y cómo ahorrar dinero. De los siete a los 11 se les ayudará a administrar sus propios ingresos y recursos, y cómo se debe confeccionar un presupuesto. Ya en la etapa secundaria, hasta los catorce años, recibirían clases sobre las tarjetas de crédito, las hipotecas, los préstamos y todos sus tipos y la administración de las finanzas domésticas. Y, finalmente, de los 14 a los 16 años, se les enseñarían teorías prácticas sobre la deuda. Y es que se supone que una ciudadanía diestra en cuestiones de economía doméstica y ahorro podrá desarrollar una sociedad civil lo suficientemente rica que enriquezca a la sociedad en su conjunto y no necesite cantidades ingentes de beneficencia por parte del Estado, como ocurre ahora, en medio de “our financial woes”. Ya no se trata de que el alumno de la Secundaria conozca el decreto de Clearco sobre la equivalencia de las monedas griegas – que también – : 5 óbolos un dracma, 100 dracmas una mina, 60 minas un talento, sino de que aprenda a utilizar los recursos propios con responsabilidad. Después de todo, los británicos siempre han sido muy ahorradores. Y el sentido común británico siempre ha sido impermeable a la pura abstracción teórica de la economía: en la revolución keynesiana de los años treinta se llegó a la conclusión de que el dinero no importaba nada. La antítesis, en la contrarrevolución monetaria, adoptó la forma de que sólo importaba el dinero. La síntesis está en el British people: el dinero importa junto con otras cosas. Y como está diciendo desde hace años el sin duda futuro Primer Ministro David Cameron: el ejercicio del buen juicio, la prudencia y la responsabilidad personales pueden hacer innecesarias a las autoridades monetarias (y quizás también de otro tipo). Y esas grandes virtudes personales deben inocularse y desarrollarse paulatinamente en el marco de la enseñanza.
Addenda: Si un día la Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, que estudió con pasión Filología Clásica – rara avis en el gabinete de Zapatero – enseñase a la siempre sorprendente Ministra de Igualdad, Bibiana Aido, cuál es la etimología del vocablo “virtud”, es probable que nuestra encantadoramente audaz Ministra subvencionase una campaña pública contra las virtudes.
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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