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Haití, el desastre que no cesa

sábado 16 de enero de 2010, 03:23h
Las imágenes de cadáveres apilados a modo de barricadas en Puerto Príncipe copan estos días las portadas de medio mundo. Es sólo un detalle más del enorme desastre en que se ha convertido Haití tras el terremoto, aunque la catástrofe ha golpeado a uno de los países más precarios del planeta. La mitad occidental de lo que fuera La Española está absolutamente colapsada y otro tanto amenaza con suceder en la vecina República Dominicana, donde las autoridades locales temen un éxodo de haitianos que quieran salir de lo que queda de su país. Según pasan los días, se va conociendo el auténtico y devastador alcance del seísmo, dejando a la luz la inviabilidad de un país que llevaba ya demasiado tiempo en la UVI.

Falta de todo: combustible, maquinaria pesada, bienes de primera necesidad. Pero, sobre todo, organización. Y es ahí donde algunos países de la zona han tomado cartas en el asunto, intentando aplicar criterios de racionalización a la hora de canalizar la ayuda, lo cual es casi tan importante como la propia ayuda en sí. El gobierno mexicano, por ejemplo, ha empezado a coordinarse con el estadounidense a la hora del envío de víveres y medicinas, a la vez que desde la sociedad civil del país azteca surgían iniciativas como la de las juventudes del PRD, que proponían que cada uno de los cargos electos de su partido donase al menos dos días de su sueldo e ingresase la cantidad en una cuenta a favor de los damnificados de Haití. Se han dejado a un lado las siglas políticas para aunar esfuerzos en beneficio de quienes más lo necesitan, lo cual dice mucho de la madurez política de la sociedad mexicana.

Estados Unidos, por su parte, ha enviado soldados a la zona para empezar a imponer algo de autoridad; una autoridad que, dicho sea de paso, no existía, lo cual estaba empezando a degenerar en un alarmante caos plagado de saqueos y violencia. El terremoto ha sacado a la luz que, por no existir, no existía casi estructura de Estado. Haití era un país que vivía casi exclusivamente de la ayuda internacional, la cual no llegaba al pueblo sino que se vendía impunemente en los mercados del país, siendo los beneficiarios los funcionarios de una de las administraciones más corruptas del mundo. Esa es la otra vertiente del tremendo reto al que se enfrenta la comunidad internacional; no sólo ayudar ahora con lo más urgente, sino hacer lo posible para poner las bases de un futuro sumamente incierto.

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