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Más sobre las medallas

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 17 de enero de 2010, 21:25h
Ya se han publicado la concesión de las medallas rojas y blancas a los funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía que se han distinguido en actos de servicio. Bueno, hay muchas formas de distinguirse y algunas no parecer dar derecho a la condecoración roja, que lleva aparejada un aumento del sueldo. Por ejemplo, poner el cuerpo cuando llueven botellas y piedras no da derecho a medalla roja. Que se lo pregunten a quienes estaban en los sucesos de Pozuelo del año pasado, ¿se acuerdan? Fueron aquellas fiestas en que un grupo de jóvenes (pobres, ¡qué traviesos!) asaltaron una comisaría de Policía y la cosa acabó como las peleas del Oeste pero sin ninguna gracia. Varios policías salieron maltrechos; no sé muy bien qué les ocurrió a los responsables.

Seguramente todos los que han recibido las condecoraciones las merecen, pero hay algunos con derecho a ellas que se ha quedado compuestos y sin novia. Son todos los que están, pero no están todos los que son.

El problema de fondo es la tendencia a premiar siempre a los mandos policiales –que sin duda lo merecen- y mucho menos a los demás policías. La proporción entre uno y otro grupo en relación a las condecoraciones recibidas –sobre todo las rojas- es abrumadoramente favorable a los mandos. Se diría que el heroísmo consiste más en dirigir que en poner el cuerpo para que a uno se lo disparen, se lo rompan o se lo decoren con un navajazo con forma de siete. Uno podrá presumir delante de los amigos como el de Arma Letal con las chicas, pero de aumento de sueldo nada de nada.

Digámoslo claro: ningún policía trabaja por las medallas; yo a veces creo –viendo lo que cobran algunos- que tampoco lo hacen por el sueldo. Nunca me he puesto a pensar por qué uno se hace policía. Seguramente a algunos les gusta la acción o coger a los malos. Alguno habrá que busque un trabajo fijo en los tiempos que corren y otros –probablemente muchos- tendrán vocación de servicio a la sociedad. Yo conozco a uno que fue deportista de élite y ahora es policía. Toma cambio.

Sin embargo, a nadie le gusta que le tomen el pelo ni con su sueldo, ni con su trabajo. No es, pues, un problema de dinero sino de dignidad y de justicia. Quien se la juega tiene derecho a que su esfuerzo sea premiado. La Administración –y a fin de cuentas el Ministerio del Interior lo es- debe resolver sobre la concesión de las medallas con sujeción a la Ley. Alguno dirá que la concesión de una condecoración tiene cierto grado de discrecionalidad, pero eso es una cosa y otra bien distinta es la arbitrariedad con que a veces parece resolverse este asunto. La decisión administrativa debe ser racional y razonable, y los criterios de concesión han de ser claros.

Alguno dirá que a muchos funcionarios que no son mandos se les conceden medallas blancas, que no implican aumento de remuneración pero sí el mérito. El valor moral de una sociedad se mide también por el reconocimiento que otorga a sus héroes. En nuestro tiempo, ser valiente significa que uno merece aplausos, pero no dinero; como si uno viviera del aire. Nadie se hace policía para acabar siendo millonario, pero tampoco para que le den siempre con la puerta en las narices.

Ha llegado el momento de ser más transparente con los criterios a la hora de conceder las medallas blancas y rojas.

¿No les parece?

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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