Bettino Craxi: ¿santo, mártir o ladrón?
Andrea Donofrio
x
adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 24 de enero de 2010, 17:43h
Martes 19 de enero, me despierto y, de repente, descubro que a Bettino Craxi ya no se le considera un político corrupto que huyo de la justicia, de sus condenas y de la cárcel, sino un gran estadista, un ejemplo para la actual clase política y que, por lo tanto, merece que le dediquen una calle, un jardín o, incluso, una plaza de Milán. Así que, en el décimo aniversario de su muerte, el Senado italiano ha decidido conmemorarle con una solemne ceremonia, mientras varios políticos halagan su acción política. ¿Ya no importa recordar que Craxi se refugio a Hamamet (Túnez) para evitar dos sentencias inapelables que le condenaban a cinco años y seis meses de prisión por corrupción –comisiones ilegales de la petrolera ENI y del Metro de Milán-y a cuatro años y seis meses por financiación ilegal del Partido Socialista? (eso omitiendo los otros procedimientos que tenía pendientes, la desaparición de las arcas públicas de casi 80 millones euros repartidos en diferentes paraísos fiscales del mundo). No, la política italiana considera que ya ha llegado el momento de rehabilitar esta figura, proceder a su “beatificación” y, sobre todo, finalmente olvidar lo que fue Tangentopoli (“la ciudad del soborno”). Ha pasado tiempo suficiente para que los italianos ya no sientan más la indignación general por los dichosos escándalos de corrupción y mal gobierno.
Todo me resulta extraño, surrealista y, en parte, paradójico: recuerdo que mi madre y mis profesores (curas y miren como he salido…) intentaron inculcarme el valor de la legalidad y honestidad. Y ahora, que estoy en la etapa de entre chaval y caballero, descubro que no importa si has robado, mentido, engañado y que, encima, hayas huido de tus responsabilidades. No, se puede ser un gran hombre igual. Fíjense: cada día aprendo algo nuevo. Sin embargo, no me parece tan incomprensible la rehabilitación del mentor político e intimo amigo de Berlusconi. ¿Será casual que la desacreditación de la Justicia, la nueva valoración de un “bandito” que no quiso ser juzgado por la Magistratura italiana coincida con la aprobación del mismo ceremonioso Senado del llamado proceso breve? Fíjense: curioso que, mientras se está debatiendo la aprobación de una norma retroactiva y ad personam –conllevaría a la extinción de decenas de miles de procesos en curso, entre ellos los que afronta el primer ministro, el caso Mills y el caso Mediaset- se hace apología de un presunto mártir que no fue echado de Italia –infórmense, por favor- sino que prefirió el exilio voluntario a pagar su deuda con la Justicia. Y aún más curioso puede parecer que los ataques contra los jueces de Manipulite (Manos limpias) sean orquestados por el partido de un presidente de Gobierno que con naturalidad afirma: “Esos juicios no son problemas de Berlusconi, sino agresiones al primer ministro. Los abogados me desaconsejan que me presente, me encontraría ante un pelotón de ejecución” o, aún más grave, que, sonriente, compare la agresión que sufrió en Milán con el “ataque de los jueces” contra su persona.
En un Estado democrático (y sigo preguntándome si Italia sigue siéndolo), no se puede “limpiar” la historia penal de un hombre, ni homenajear públicamente a un prófugo, condenado en rebeldía. Además el riesgo es manifiesto: rehabilitando a Craxi, se corre el riesgo de rescatar y redimir una entera generación política malsana y nefasta, que ya lamentablemente sigue en los escaños del parlamento italiano. No se trata de olvidar los meritos del Craxi como político (el “socialismo tricolor”) ni reducir la valoración sobre su gestión al triste, tristísimo epilogo judicial. Se trata de subrayar que su acción política reveló muchos límites y los beneficios han sido inferiores a los costes (aumento de la corrupción, de la deuda pública –de 60% a 120% del PIB- propensión y estatalización de un sistema clientelista, abolición de la meritocrácia en favor del nepotismo). No, no se puede, sobre todo si consideramos que el actual mandatario sigue huyendo de la Justicia sin huir del país. Si olvidamos el pasado, cometeremos siempre los mismos errores. Pero, Italia no sabe reconocer sus errores: un pueblo sin memoria, es un pueblo sin futuro.
|
Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
|
adonofriohotmailcom/9/9/17
|