División en el seno del PP
María Cano
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mariacanoelimparciales/10/5/10/22
domingo 24 de enero de 2010, 22:12h
El PP no aprende. Una vez más, nos ha brindado el lamentable espectáculo, que ya empieza a ser costumbre periódica, de airear los trapos sucios de sus desencuentros en público. En esta ocasión, el detonante ha sido el futuro cementerio nuclear o Almacén Temporal Centralizado (ATC) de residuos radiactivos de alta actividad. Un pequeño municipio de Castilla-La Mancha, en contra de lo marcado por el PP manchego, ha decidido presentar su candidatura para albergar esos residuos y María Dolores de Cospedal, secretaria general de los populares y también del PP en Castilla-La Mancha, llamó en seguida al orden al alcalde de Yebra e, incluso, pidió que se le abriera un expediente. Al día siguiente, fue Javier Arenas, vicesecretario de política local y regional, quien desautorizó a Cospedal al afirmar que el PP respeta la decisión de los concejales de Yebra y que, por tanto, no habrá sanción alguna contra ellos.
¿Y Rajoy? Como si no fuera con él. Tanto es así que ha afirmado sin pudor alguno que no tiene “una opinión fundada”. No resulta muy tranquilizador que, mientras dos de sus líderes se enfrentan en público Rajoy ni se despeine. Ya ha ocurrido en ocasiones anteriores, igualmente lamentables, como el reciente pulso entre Esperanza Aguirre y Gallardón por Caja Madrid o la decisión de Camps de elegir sustituto para Costa sin contar con la aprobación de los barones provinciales.
Pero a Mariano Rajoy no parecen preocuparle estas cuitas que restan credibilidad al PP y ponen en duda su gestión e, incluso, su autoridad. Tras lo ocurrido en Yebra, ya tenemos la confirmación de que el líder de los populares es un hombre de fuertes convicciones que está dispuesto a seguirlas hasta sus últimas consecuencias y esa falta de permeabilidad, de adaptación al cambio y de aceptación de los propios errores puede pesar mucho más que un ideal plan económico que jamás llegará a poner en marcha para sacarnos de este socavón o incluso más que los resultados de las encuestas sobre intención de voto.
Porque a la hora de la verdad, cuando tenemos que decidir en manos de quién dejamos este país nuestro, cuando pensamos en un candidato ideal a presidente del Gobierno no es alguien con una autoridad cuestionada dentro y fuera de sus filas ni tampoco un individuo que echa balones fuera, que no se enfanga más de lo necesario y cuya capacidad de reacción es más que mejorable. La coyuntura es propicia y las encuestas, muy optimistas. “El progreso consiste en renovarse”, dijo Unamuno. Pues de eso se trata, de abandonar el inmovilismo y optar por un reciclaje sensato y necesario lejos de tanto espectáculo vergonzoso y de tanta guerra civil insana cuando donde hay que dar la batalla, y motivos hay de sobra, es fuera. No merecemos menos. Renovarse o morir, por duro que sea.
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Subdirectora de EL IMPARCIAL
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