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Una agresión

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
viernes 05 de febrero de 2010, 22:19h
La mañana del 1 de febrero de 2010, un joven caminaba por el Paseo de la Castellana. Pasó junto a una señora que lo miró y comenzó a increparle “Vosotros sois los culpables de la Guerra de Irak”, “iros de Europa” “usureros”, “ladrones¨. Además, la señora le propinó un sopapo al pobre muchacho cuyo infortunio había sido pasar junto a semejante intelectual.

El chico es judío y viste como los llamados ultraortodoxos, es decir, con pantalones y chaqueta negra, sombrero y los tirabuzones que suelen aparecen en los medios de comunicación. Tal vez piense usted que ahora toda la historia tiene sentido, pero en ese caso, quizás tenga usted un problema. Si le parece normal lo que le he contado: si cree usted que ahora lo entiende, permítame hacerle algunas preguntas.

¿Es normal que a una persona que camina por la calle la increpen? Coincidirá conmigo en que, habitualmente, no se insulta a un desconocido que pasa junto a uno vista como vista. Entonces, ¿por qué tiene sentido que eso le ocurra a un judío?

Tal vez le parece excesivo que esta ciudadana insultara al chico o que deseara su expulsión de Europa. Ahora bien, ¿por qué ella pensaba que debería irse? La verdad es que no conozco al insultado: tal vez sea tan europeo como yo, pero la señora lo percibió como alguien ajeno. ¿Qué habrá detrás de esa reacción? Muchos olvidan que Europa tiene sus raíces en Atenas, Roma y Jerusalén. ¿Le parece, pues, normal que al judío lo consideren ajeno a Europa?

Ah, quizás la señora no pidió la expulsión por ser foráneo, sino por ser contrario a Europa, a lo que ella cree que es Europa; pero ¿dónde se cometió el Holocausto? ¿Acaso no celebraron el ascenso del nazismo los catedráticos, los médicos, los abogados, los jueces? ¿No fue el continente más culto de su tiempo el que abrió las puertas del infierno? Definitivamente, esta señora debe repasar las lecciones de Historia que nunca recibió. Los primeros que cayeron defendiendo la Europa de la modernidad, la civilización, la alta cultura y los derechos del ciudadano fueron judíos. Joseph Roth levantó acta del desastre.

¿No le llama la atención que llamase al judío usurero o ladrón? Entonces hágaselo mirar: usted se está creyendo el viejo tópico del capitalismo judío y su control de las finanzas a través del préstamo usurario y el engaño. Si los judíos controlaban el mundo, ¿cómo es que los nazis asesinaron a seis millones ante los ojos de Occidente? Es curioso que insultó al judío con términos más frecuentes en la descalificación política o en la rabieta del deudor que en la simple pelea callejera. Nunca vi llamar usurero ni ladrón a quien se salta un semáforo o agrede a alguien.

He dejado lo más significativo para el final. La señora –que debía de tener dos Premios Nobel en la cartera- clamó contra el judío “estáis haciendo un holocausto con los palestinos”. Noten el espanto del artículo indeterminado un; como si hubiese varios. ¿Servirá de algo constatar que un tercio de los judíos del mundo fueron exterminados durante el Holocausto mientras que la población palestina ha crecido constantemente en el siglo XX? ¿Alguien fue a buscar a los palestinos casa por casa para subirlos a trenes y gasearlos acto seguido? ¿Alguien los internó en Auschwtiz o Treblinka? ¿Alguien los fusiló a miles y los enterró en fosas? ¿Alguien estampó a los bebés palestinos contra muros? ¿Quién usó su pelo para hacer tejidos y robó el oro de sus implantes dentales antes de quemar los cadáveres? Todo esto se hizo con los judíos y, felizmente, no se ha repetido con ningún otro pueblo.

Lo ocurrido este 1 de febrero no dice nada sobre los judíos; lo dice sobre todos nosotros sea cual sea nuestra religión. Esta infamia que ha sufrido un chico mancilla nuestra democracia y nos salpica a todos. El insulto lo sufrió él- seguramente ni lo haya denunciado- pero la vergüenza y la responsabilidad nos tocan directamente a todos.

Sí, la señora es responsable de sus actos, pero todos lo somos de permitir que estas cosas queden impunes. En nuestra tierra, ser antisemita es como ser de un equipo de fútbol: una opción más entre muchas. Quien odia a los judíos y lo predica puede ser molesto, pero no merece más censura que el aguafiestas o el pesado. Algunos lo encuentran incluso atractivo: el odiador suele atraer más que su víctima; he aquí la triste condición humana. De hecho, el verdadero aguafiestas podría ser el judío, que se obstina en serlo recordándonos todo lo que escribo ahora en la columna en lugar de dejarnos en paz; en esa paz vacía y aterradora que reina en los cementerios, donde todo tiene la monotonía de la muerte.

El día 1 de febrero de 2010 un ciudadano sufrió una agresión a manos de una señora. Este ciudadano ejercía su libertad religiosa, su derecho a decidir sobre su propia imagen, su derecho a ir por donde le diese la gana y, en suma, hacía lo que hace un hombre libre. La agresión, pues, es un problema para la víctima; pero es síntoma de un problema nuestro, de nuestra sociedad, de esta España nuestra.

¿No les parece?

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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