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En busca de una salida

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 15 de febrero de 2010, 21:50h
Después de la ducha fría de Davos, dio la impresión de que Zapatero, ¡por fin!, había caído paulinamente del caballo (ahora que hasta lee algún pasaje de la Biblia) y que había comprendido que era absolutamente necesario, imperativo, rectificar el rumbo hacia el desastre que él pilotaba. Pero aquello apenas duró, y de nuevo volvió con su aburrida letanía para convencer a idiotas: “No estamos peor que hace seis meses” (es decir, estamos igual, aunque el paro sigue disparado y disminuyen alarmantemente los cotizantes a la seguridad social); “estamos a punto de salir de la recesión” (aunque expertos e instancias internacionales y nacionales dicen todo lo contrario). Pero, sobre todo, el mantra zapateril desde hace seis años: los antipatriotas del PP tienen la culpa de todo porque no aplauden mis desmanes y no arriman el hombro para sacarme desde este lodazal en el que yo solito me he metido. Zapatero no ha dejado ni un momento de “tinelizar” al PP y ahora le pide un pacto. Como para fiarse. Hace ya más de cuatro años Rajoy le ofreció un pacto de Estado sobre los cuatro o cinco aspectos más importantes de la política nacional, entre ellos la economía, porque ya se veía venir la crisis que Zapatero negó empecinadamente hasta que le cayó encima, sin remedio. Zapatero despreció olímpicamente desde su ignorante soberbia esa y otras ofertas de consenso. ¡A buenas horas iba él a pactar con el partido al que deseaba eliminar como alternativa! Ni Davos ni el papelón que hizo la semana pasada en Bruselas le han curado de su frívolo optimismo y ahora envía un mensaje que podría sintetizarse así: “Estábamos al borde del abismo… y ahora he decidido dar un paso hacia delante”.

Se habla mucho de pacto estos días y nadie puede negar que en España es necesario en este trance un pacto, al menos entre los dos grandes partidos que nos saque tanto de la crisis económica como de la política y de sistema, que debemos agradecerle a Zapatero. Pero, ¿cómo se va a pactar con el mismo que nos ha llevado a esta situación? ¿Cómo se va a sentar nadie a la mesa con quien sistemáticamente ha mentido, engañado, manipulado, descalificado como nunca se ha hecho en este país? ¿Se puede pactar con alguien a quién, tópicamente, nadie estaría dispuesto a comprarle no ya un coche usado sino una modesta bicicleta? Zapatero ha dilapidado todo su capital político, está quemado, amortizado, no le queda ni el menor atisbo de credibilidad. Es ahora al PSOE a quien le corresponde asumir sus responsabilidades y buscar una solución. En una democracia madura, como el Reino Unido, en una situación ni remotamente tan grave como la que ahora padece España, fueron los propios miembros conservadores de la Cámara de los Comunes los que le buscaron sustituto a Margaret Thachter que, no hay que insistir en ello, era, comparada con el actual Presidente del Gobierno español, una especie de gigante político al lado de un pigmeo. No hace falta decir que también sería demasiado optimista pensar que algo así pueda ocurrir en el seno de un PSOE que se ha “apesebrado” hasta extremos difícilmente imaginables. Y cuando alguien dice una palabrita un poquito más alta que otra, se ve forzado a volver dócilmente a las pietras filas de la ortodoxia, como muestra el reciente episodio de Barreda.

Algunos hablan de elecciones anticipadas, que sería lo más adecuado en una situación tan cerrada como esta. Pero haría falta un grado, ahora sí, de patriotismo casi eximio, difícilmente imaginable en un Zapatero -el de la nación discutida y discutible- vocado a fragmentar España, como muestra esa obra tan personal suya que es el nuevo estatuto catalán. Aparte de que a una persona tan sectaria, que no hace mucho decía que cualquier pacto se supeditaría a SUS planteamientos ideológicos, ¿cómo se le va a pedir que anticipe unas elecciones que perdería clamorosamente? El partido es lo primero, eso de la Patria viene mucho después. Apurando sus posibilidades y sus recursos constitucionales lo que podría hacer –pero sólo remotamente parece posible- es presentar la cuestión de confianza sobre una declaración de política general como establece el artículo 112 de la Constitución. Para ganarla sólo necesitaría una mayoría simple. Y ya sabemos cómo obtiene Zapatero las mayorías: echando mano a las arcas del Estado, esto es al bolsillo de todos los españoles. Lo que sucede es que esos bolsillos los ha dejado ya tan vacíos que cada vez es más difícil que encuentre los dineros que le exigen sus amigos de la periferia. Aunque la deuda pública parece no preocuparle y siempre puede aumentar unos cuantos puntos más. ¿Qué más da? Presos por mil, presos por mil quinientos.

También hablan algunos de la moción de censura. Son, claro está, los que quieren que el PP se suicide. Esas mociones se presentan para ganarse porque si no, en una democracia mediática como las actuales, sólo quedarían del evento los titulares de la prensa y las entradas de los informativos de radio y televisión que todo el mundo puede imaginarse: “Gran triunfo de Zapatero en el Congreso”. Haría falta ser muy simple para brindarle a un Gobierno que es un acreditado desastre un triunfo tan gratuito y que, además, no se merece en absoluto. Quienes apostaron por Zapatero en el 2008, optaron por la incompetencia y el sectarismo, que ya eran patentes desde 2004. Ganó y nadie puede dudar de que el suyo es el Gobierno legítimo de España. Pero nos ha convertido en uno de los furgones de cola de Europa, con farolillo rojo y todo. Una delicia.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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