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¿Es Turquía Europa?

martes 23 de febrero de 2010, 01:59h
El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, hacía ayer una encendida defensa de lo beneficiosa que sería la entrada de su país en la Unión Europea. Contaba para ello con la inestimable ayuda de su más fiel aliado europeo, José Luis Rodríguez Zapatero, anfitrión ayer del premier turco, con quien también comparte el etéreo proyecto de “Alianza de Civilizaciones”. Contaba igualmente con el apoyo tácito de su “otro” aliado al otro lado del océano, Estados Unidos. Y es que la llegada de Obama a la presidencia norteamericana ha reavivado la vieja pretensión turca antes mencionada de ingresar en la Unión Europea. Ankara siempre ha mirado hacia Europa con una mezcla de deseo y aversión, en lo que tradicionalmente ha dio una postura cargada de complejos y resquemor. Tanto Erdogan como sus antecesores han buscado siempre un acercamiento a Bruselas, sin que sus pretensiones hayan sido acogidas favorablemente -excepción hecha de España, claro está-.

Estados Unidos no vería con malos ojos que Turquía entrase formalmente en Europa. Y no lo haría, porque se aseguraría un valioso aliado en un continente con el que, pese a los lazos de amistad, siempre ha rivalizado. Además, la mayor parte de la población turca es musulmana, con lo que eso significa. Pero en frente están Francia, Inglaterra, Alemania e Italia. Y sus argumentos contrarios a la entrada de Turquía en la Unión no son fácilmente descartables. Geográficamente, sólo una pequeña porción del territorio otomano puede considerarse europea. Tradicionalmente, la historia de Turquía poco tiene que ver con la de los países que conforman la Unión, salvo su larga cadena de enfrentamientos. Culturalmente, las diferencias son notables. Y políticamente, el régimen de libertades y respeto a los derechos humanos en Turquía es manifiestamente mejorable. Por no hablar del profundo antisemitismo y del cada vez más incipiente fundamentalismo islámico que vive el país. Aparte, hay heridas abiertas como la situación de Chipre o la actitud de Ankara ante el genocidio armenio o sus relaciones con los kurdos demasiado evidentes. Razones todas ellas lo bastante sólidas como para que la cuestión siga debatiéndose.

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