El impresentable mercadeo del Consejo General del Poder Judicial
miércoles 24 de febrero de 2010, 02:38h
Hace pocos días se conocía el enfado de Margarita Robles ante las recriminaciones de su asociación corporativa, Jueces para la Democracia (JpD), en el sentido de no esmerarse lo suficiente a la hora de “colocar” a los suyos. La vocal de CGPJ se defendía de tales acusaciones afirmando que desde que ella está en el Consejo 18 miembros de JpD han adquirido el estatus de “alto cargo”, o lo que es lo mismo, ha promocionado. Algo tan bochornoso ha sido demasiado para uno de sus compañeros en el CGPJ, José Manuel Gómez Benítez, quien presentaba ayer su dimisión ante el “mercadeo” que se vive en el Consejo.
Una vez más, se ha puesto de manifiesto el que sin duda es defecto capital de la judicatura española, cual es su acendrado corporativismo. El que varios miembros del Consejo negasen la mayor y cargasen las tintas contra su ya ex compañero dice muy poco de su compromiso por depurar responsabilidades. Es un hecho que el sistema de promoción profesional en el ámbito judicial beneficia abiertamente a quienes están adscritos a alguna de las tres asociaciones existentes -APM, JpD y Francisco de Vitoria- en detrimento de los “no alineados”. Pero de ahí a repartirse los destinos más suculentos cual si fuera un intercambio de cromos va un abismo.
Y como los nombramientos han de salir en el BOE, no hay manera alguna de esconder lo que hasta ahora ha venido siendo un sistema de promoción, cuando menos, bajo sospecha. Nunca hasta ahora un miembro del CGPJ había dimitido por vergüenza. Y quien lo hace es además un catedrático de derecho penal con una dilatada experiencia en la práctica jurídica. Lo grave es que quien se va es quien lo denuncia, y la que se vanagloriaba de su “hazaña colocatoria”, Margarita Robles, no sólo permanece en el puesto sino que además lo hace con cajas destempladas. La justicia es algo lo suficientemente serio como para que quienes están en ella no se comporten como deben. Y eso es inadmisible.