A la deriva
jueves 25 de febrero de 2010, 20:11h
A la deriva. Sin rumbo. Perdido y perdidos. A punto de hundirse (él y su barco). La isla desierta está cerca. No hay esperanza.
Suspendido. No tiene oportunidad para recuperar ni en una convocatoria de gracia, pero prolonga agónicamente su suerte (la mala nuestra).
Nadie se acordará de él (para bien) en tres días. Le olvidarán e incluso –cual Judas- le negarán hasta los propios e incondicionales que se han refugiado en su paraguas.
Saldrá por la puerta de atrás con la cabeza agachada, perdida la sonrisa, caminando hacia el exilio localizado a algunos cientos de metros de profundidad de la mina. Al marcharse nadie ofrecerá ni un duro por él. Le darán la espalda y como el coronel de García Márquez, no tendrá quien le escriba.
El melón está absolutamente hueco. Al cogerlo entre las manos se comprueba que no pesa más que el agua que lleva dentro. Vano, huero, vacío de contenido. Insípido e insaboro. Pontífice de la nadería. Sin sustancia. Para devolver a la tienda cuyo incauto comerciante nos lo ha vendido como si fuera ... el melón del año.
Cobrará en la misma moneda (falsa) con la que ha pagado. Sentirá en su cogote el pescozor amargo de los malos momentos que ha hecho pasar al resto. No huele a venganza sino a justicia. Siempre miró el dedo que apuntaba al cielo. Ignoto de su propia ignorancia, se parafraseaba a sí mismo. Dos o tres seres de análoga moralidad le reían sus gracias, desconocedores de que la ignominia se vuelve siempre en contra de quienes la practican. La vida ofrece estas oportunidades áureas. Nadie es inmune, por más firmantes solidarios que logre sumar ni por más coros y danzas que reúna para hacerle la ola.
El ave fénix justiciero sufrirá en sus carnes su propia medicina. Gritará entonces ante el que considerará ilegítimo acoso y provocación inaudita. El alguacil alguacilado y la oveja esquilada. Es tarde para leer los buenos consejos que da la Biblia.
Es tarde también para decir que nunca se perteneció a la secta y que siempre se fue militante del pluralismo, del respeto al otro. Siempre fue subordinado: con los gibelinos fue gibelino y con los güelfos fue güelfo. Las banderías dan calorcito pero piden sumisión incondicional incluso a quienes no pueden. ¡Qué grande Voltaire cuando escribió: “Toda secta es una bandera de error. No hay sectas en la geometría”!.
P.S: Yo mientras tanto, en Cuba sí pueden morir los disidentes.
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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