La ‘ndrangheta en el Parlamento italiano
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 28 de febrero de 2010, 16:13h
Por segunda vez, me toca reconocer y subrayar una “buena acción” de la Iglesia Católica italiana, cosas que más que “pesarme”, me sorprenden. No obstante, manifiesto mi total aprobación y comunión de pensamientos con el documento difundido en estos días por la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), donde se condena de forma tajante la Mafia que opera en el Sur de Italia, considerándola “una de las plagas más profundas y duraderas, un cáncer”. La Iglesia reconoce que las organizaciones criminales “envenenan la vida social, pervierten la mente y el corazón de tantos jóvenes, sofocan la economía, deforman el rostro auténtico del sur”. Y, sobre todo, me es particularmente grato el comentario sobre la clase política del Mezzogiorno: inadecuada.
La Iglesia se está dando cuenta que las Mafias controlan parte del territorio, las economías locales (se estima que casi el 10 de la población activa trabaja en “empresas” relacionadas con la criminalidad organizada) y cuentan con el consenso-aceptación de gran parte de los habitantes. El Estado parece abúlico, desautorizado, en algunas partes del territorio ya ha abdicado y renunciado a una guerra nunca empezada. El texto de la CEI nos invita a reflexionar: en primer lugar, subraya la necesidad de “hacer crecer el sentido cívico y construir nuevas formas de solidaridad nacional”. Ambas tareas me parecen de difícil alcance: la cultura de la ilegalidad es tan difundida como aceptada. Y sobre la solidaridad, decía muy sabiamente Montanelli: “Entre los italianos la solidaridad no existe. Existe la complicidad”.
La CEI invita a la gente a no abandonarse a formas de “resignación y fatalismo”. Pero, queridos padres, ¿cómo no hacerlo? Cualquier ciudadano del Sur, yo primero, se siente constantemente bofeteado y engañado por esta clase política. ¿Es posible que el Presidente del Consejo utilice el término mafia sólo para excluir su implicación en materia? Nunca se habla de lucha a la criminalidad organizada, de saneamiento “urbanístico-social” del sur. Al contrario, la escena política italiana nos demuestra siempre lo contrario como certifican dos casos emblemáticos y tristemente desapercibido por gran parte de la opinión pública. Mientras la Magistratura pide la autorización a detener al senador del PdL (partido de Berlusconi), Nicola Di Girolamo, quien supuestamente recibió apoyo de la mafia calabresa, la 'Ndrangheta, en su elección como parlamentario, la junta parlamentaria competente para autorizarla, decide aplazar su decisión a la próxima semana. Pese a que hay un “elevado riesgo de fuga”. Pese a que el senador fue grabado hablando con Gennaro Mokbel, empresario romano ligado en el pasado a la Banda de la Magliana (“Tú eres mi esclavo”). Pese a que se ha publicado una foto suya con Franco Pugliese, un capo de la mafia calabresa, ante una tarta con su nombre y el anagrama del PDL, durante una fiesta electoral celebrada en abril de 2008. Pese a una acusación de violación de la normativa electoral con el agravante de asociación mafiosa. Pese a que se ha destapado una red de blanqueo de dinero a nivel internacional (del valor de 2.000 millones de euros) en la que el senador aparecía relacionado con varias personas implicadas en la trama. Pese a que indican que por su culpa, “la ‘ndrangheta ha entrado en el Parlamento”. Pese a todo, diría.
Mientras en el segundo caso, Nicola Cosentino, también del PdL, fue acusado de haber colaborado con la mafia napolitana, la Camorra, a cambio de su apoyo electoral. La Cámara de los Diputados rechazó la petición para su detención, evitando que Cosentino fuera detenido. Posteriormente, Cosentino empezó el paripé de “¿dimito? No, no dimito”, mientras todos sabíamos que no iba a hacerlo y sigue ocupando los dos cargos de subsecretario de Economía y coordinador del PDL en la región de Campania.
La verdad es que podríamos seguir con muchos ejemplos y con la necesidad de precisar que, lamentablemente, representa sólo una casualidad que estén involucrados políticos cercanos (muy cercanos) a Berlusconi, ya que las relaciones entre mafia y política (“no existe mafia sin política”) trascienden la ideología y las hay tanto de un partido que de otro. Bueno, de todos.
Ps. En plena campaña electoral, Berlusconi ha afirmado que su empeño principal será “apoyar la acción del Gobierno, explicando puerta a puerta a amigos y conocidos lo que hemos hecho hasta ahora”. Pues, que me mande alguien a casa (ya que estamos, a lo mejor a una de estas vedettes que ha puesto de candidato) para que me explique lo que ha hecho, ya que aparte inútiles polémicas, chistes malos y muchos decretos leyes de dudosa eficacia, me entero poco.
Ps2. Después de la cama de Putin, Berlusconi ha decidido comprarse la cama de Napoleón (confieso sentir mucha envidia…) declarando que la reformará porque la quiere más larga. Teniendo en cuenta los tamaños, imagino que querrá decir más ancha: así cabe más gente…
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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