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Zapatero y su movimiento nacional

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 01 de marzo de 2010, 21:57h
Se habla mucho estos días de “pacto de Estado” y, ya más coloquialmente, se dice eso de que hay que “arrimar el hombro y apoyar al Gobierno”. Si alguien se atreve a poner en duda esos planteamientos salen a relucir las descalificaciones y si ya no se usa tanto lo de “antipatriotas”, tan de moda hace algunos meses, sí se insiste en lo del “electoralismo” que, en la mayor parte de los casos, es una hipócrita manifestación del más depurado de los cinismos. Lo cierto es que todo este debate nacional sobre cómo salir de este atolladero en que nos ha metido un Gobierno incapaz y desbordado, sin ideas ni decisión –incluida esa estúpida campaña de “esto solo lo arreglamos entre todos”, que da vergüenza ajena- es una triste muestra del bajísimo nivel de cultura política que existe en España. Así como de la gravísima ceguera –puede que involuntaria en algunos casos, pero voluntaria, sin ninguna duda, en otros muchos- de todos los que no están dispuestos a analizar, con algún detenimiento y con la mayor objetividad posible, por qué hemos llegado a esta situación y cuáles han sido las diversas fases de este triste proceso que nos ha conducido a una profunda depresión nacional. Sería un error limitarse exclusivamente al aspecto económico del problema que es, desde luego, el más acuciante y el más urgente, pero debe dejarse muy claro, desde el principio, que se trata de una crisis de sistema a la que, aceleradamente, nos ha llevado la política que se ha practicado aquí en los últimos seis años.

Resulta que un Gobierno que desde antes incluso de serlo (pacto del Tinell) ha jugado a la exclusión del más importante partido de la oposición que es, además, la única alternativa posible de gobierno. Un Gobierno que, denodadamente, se ha empeñado en crear división en la sociedad española, echando por tierra la reconciliación que supuso la Transición hasta el punto de que alguien ha hablado de “guerra civil fría” (ley de Memoria Histórica). Un Gobierno que ha subvertido seriamente un sistema político que funcionaba razonablemente bien, promoviendo situaciones claramente incompatibles con la letra y el espíritu de la Constitución (Estatuto catalán). Resulta que un Gobierno que ha hecho todo esto y mucho más (nueva ley del aborto, por ejemplo) sin pactar con el partido que representa, más o menos, al 40 por ciento de los españoles; un Gobierno que no sólo no ha pactado sino que ha rechazado las ofertas de pactos de Estado que se la han hecho, por lo menos desde enero de 2006; un Gobierno que ha engañado, despreciado y toreado a esa oposición que representa casi a la mitad de los españoles; un Gobierno que ha votado en contra de muchas de las sanas e inevitables medidas económicas que se han propuesto desde la oposición, una buena parte de las cuales va a tener que poner en marcha, eso sí, como si fueran exclusivamente suyas. Ahora resulta que este Gobierno, el de la división y la exclusión, toca a rebato y pide que se cree un nuevo movimiento nacional, dirigido por él, sin haber aclarado previamente adónde nos quiere llevar ni cuál va a ser el programa. Eso sí, reservándose la condena sumaria a las tinieblas exteriores de quien no colabore y apoye sus ocurrencias. ¿Acaso no se da cuenta este Gobierno que ha dejado de ser fiable, que ha perdido cualquier crédito político? Conocida la trayectoria de este Gobierno, se ha convertido en una “mala compañía” a la que no es aconsejable frecuentar porque “te la hará” en cuanto pueda o tenga la ocasión. De quien hace trampas en el juego por sistema no se puede esperar que, de pronto y cuando las cosas le van mal, vaya a cambiar de conducta. Genio y figura. Tienen razón los que hablan de “abrazo del oso”. Churchill contaba lo mal que lo pasó en 1945 cuando, ganada la guerra y disuelto el Gobierno de coalición que había dirigido, tuvo que dejar de ser un “líder nacional” para convertirse en un “líder de partido”. Zapatero nunca ha sido un líder nacional y no puede pretender serlo ahora, porque no cuela. Durante seis años sólo ha sido presidente “de los suyos” y no puede intentar ahora adquirir una estatura nacional para la que no está capacitado porque, como político, no levanta el vuelo por encima de la citas electorales. Cada uno vale, para lo que vale.

Además, en democracia, las cosas no se hacen con improvisados “movimiento nacionales” y menos cuando, por sistema, se ha apostado a la división. El Gran Divisor esta incapacitado para convertirse siquiera en un modesto sumador. Hasta ahora ha tenido en el Congreso mayoría suficiente para ir sacando todas las medidas que ha querido. Que siga así. Por otra parte, que el PP no entre a formar parte del “movimiento nacional” a que aspira Zapatero, no quiere decir que no vaya a votar las medidas que sean razonables. Lo hizo con las que se aprobaron para intentar paliar la crisis financiera –aunque habría que preguntarse cómo han funcionado- y lo hará si el Gobierno entra en razón y, por ejemplo, renuncia a subir el IVA, como se le aconseja desde Bruselas y desde otros muchos sitios. Pero, desgraciadamente, los viejos hábitos no se olvidan y la mentira sigue siendo un instrumento principal de gobierno para descalificar a la oposición. Así, tras decir el PP que no se suba el IVA, va Alonso y dice que el PP quiere bajar los impuestos. ¿A quién engañan con tanta patraña? Que gobiernen con eficacia y sin sectarismo y lograrán los apoyos que necesitan. Pero quizás es pedir demasiado.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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