Destruir como apuesta de estado
martes 02 de marzo de 2010, 17:18h
Finalmente la Ley del aborto libre en las 14 primeras semanas para niñas de 16 años se ha aprobado en nuestras Cortes Generales. Tratemos de analizar con alguna objetividad esta realidad que tantas pasiones a favor y en contra genera.
De entrada hay un planteamiento que nunca me ha cuadrado dentro del tradicional pensamiento denominado de izquierdas. La izquierda -si entramos en esta dinámica simplificadora de la dicotomía izquierda/derecha- siempre ha enarbolado la bandera de la no violencia, de los movimientos pacifistas y de la lucha por los más débiles. Es cierto que al pensamiento básicamente de izquierdas todos le debemos una parte importante de los derechos sociales que se conquistan en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del siglo XX: el derecho al descanso vacacional, a la seguridad e higiene en el trabajo, a jornadas más humanas de trabajo, a la huelga, a la limitación del trabajo infantil, a los derechos de la mujer, etc. Es decir, se ha ayudado a los demás, se ha creado una vida mejor. Sin embargo, frente a esa capacidad creativa y positiva de la izquierda demostrada durante décadas, no acabo de entender esa obsesión por que el concebido no vea la luz, o dicho de forma más clara, que su actitud creativa y positiva frente al ser humano, se convierta en obsesión y lucha para posibilitar la destrucción del concebido.
El Estado moderno nace con un objetivo prioritario: la defensa de la vida y de las propiedades de sus ciudadanos. Así lo defiende Locke en su segundo Ensayo sobre el Gobierno Civil. Como por todos es sabido, el Estado y mucho más en nuestro tiempo, tiene un inmenso poder. ¿Por qué ponerlo al servicio de la destrucción? No acabo de entenderlo. ¿Por qué no se pone todo el poder del Estado para la creación? Parece más sensato, más moral y más humano, mucho más humano, dejar que el concebido viva y no destruirlo. ¿Qué debe hacer el Estado en mi opinión?
Básicamente dos cosas: 1. Promover la responsabilidad en las relaciones sexuales, esa palabra tan ausente en nuestra irresponsable época, donde nadie parece responder de nada. No entiendo la libertad sin responsabilidad. Hay que educar en la responsabilidad, siempre he creído en ello. Otros defenderán la irresponsabilidad, pero ese camino no nos ha llevado muy lejos. Hay que decir a los jóvenes, por qué no, que hay que ser responsables de sus actos, especialmente cuando afecta a algo tan importante como la vida, el futuro del concebido. Destruir al concebido no puede ser un método anticonceptivo más, pues es una contradicción interna, aparte de una inmoralidad. El aborto libre, tiempo al tiempo, generará una manifiesta irresponsabilidad en las relaciones sexuales y veremos pasar una, dos y tres veces a la misma mujer, en su derecho a hacerlo según la nueva Ley, por la destrucción del concebido. ¡¡Qué gran logro del Estado!! Démonos besos y abrazos, como en el Senado (¿?), pero: ¿Bajarán las destrucciones de concebidos con la nueva Ley? ¿Ésta es la apuesta del Estado? 2. Una vez que hay un embarazo no deseado, lo lógico es que el Estado ponga todos sus medios para ayudar a la mujer a la creación, no para decantarse por la destrucción del concebido. ¿Es el aborto la solución al embarazo no deseado? ¿Es el único camino? Evidentemente no pienso en la absurda alternativa de la cárcel, sino en que la verdadera libertad es elegir y el Estado no puede apoyar y decantarse clarísimamente sólo por el camino de la destrucción con la perseverancia que lo está haciendo, debiera de trabajar con todos sus medios personales y materiales para favorecer la creación, el nacimiento del concebido, ofrecerle de verdad esta otra opción a la mujer que vive ese momento realmente difícil del embarazo no deseado.
Todos hemos pasado por la etapa de concebido y parece bastante legítimo no aplicar a los demás lo que no nos han aplicado a nosotros, creo que es el principio ético más antiguo de la humanidad. Cada cual puede hacer lo que quiera consigo mismo, siempre lo he defendido como convencido liberal, pero nunca con un tercero -aquí hay que plantarse por respeto a nosotros mismos- que si no se le destruye, podrá disfrutar de la vida como hacemos los demás, gracias a que no nos destruyeron en el vientre materno. Por último, el aborto libre no encaja en nuestro ordenamiento jurídico actual. Es contrario al art. 15 CE y a la interpretación del mismo que hace la conocida STC 53/1985. Sinceramente no entiendo qué bien hace esta Ley y el Estado a nuestras vidas, especialmente a las que nunca verán la luz. La izquierda pone un buen borrón negro en su historia por hacer la vida mejor a los demás, principalmente a los que no se pueden defender. Aunque, como casi siempre, hay notables excepciones que merecen ser destacadas por su valía y coherencia, como el exmilitante del PSOE, Joaquín Manuel Montero, que afirma: “Queremos gritar `sí a la vida´ precisamente porque somos de izquierdas”.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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