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Moratinos, satélite de Caracas

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 08 de marzo de 2010, 21:43h
No hace mucho tiempo, un importante medio internacional, The Wall Street Journal, calificaba a Moratinos como “el hombre de Castro en Europa”. No le faltaban motivos: Se refería el periódico a la pretensión del ministro español de suprimir la Posición Común de la UE sobre Cuba (aprobada por unanimidad en 1996), aprovechando la Presidencia de turno española, y en contra de la opinión de la mayor parte de los Estados miembros de la UE. Moratinos no ha dado marcha atrás ni siquiera después de la dramática muerte de Orlando Zapata, que ha dejado bien claro que en La Habana sigue imperando la más abyecta dictadura, como sabía cualquiera que no estuviera voluntariamente ciego o en la luna. Nadie ignora que en estos últimos seis años en los que Moratinos ha volcado sobre aquel régimen todas sus complacencias y una ayuda más que generosa, no se ha avanzado ni un milímetro hacia la democracia y la libertad. Fue bochornoso que Zapatero, en una intervención ante la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra, ¡hablando precisamente de la pena de muerte!, el mismo día en que moría Zapata, no le dedicara ni un breve recuerdo. Aunque al día siguiente –tras la presiones de otros colegas europeos y en su condición de Presidente semestral de la Unión- “lamentara” esa muerte y pidiera la liberación de los presos de conciencia que se hacinan en las cárceles de la isla. Pero Moratinos sigue en sus trece y todo hace pensar que ya sólo él (a más de algún otro, como ese actorcillo, que no se sabe muy bien si es un miserable o un pobre “tonto útil” o, quizás, una mezcla de las dos cosas) piensa que su política de condescendencia hacia el castrismo puede producir algún efecto benéfico para los millones de cubanos que sufren bajo la dictadura.

Si el WSJ hubiera escrito ahora su editorial, habría tenido que escribir que Moratinos era “el hombre de Castro y de Chávez en Europa”. El título se lo ha ganado este insólito ministro - que desde muy pronto consiguió a pulso el consonante adjetivo de “desatinos” – después del increíble espectáculo que ha representado tras el auto del juez Velasco, de la Audiencia Nacional, en el que tras referirse a las conexiones entre ETA y las FARC, atribuye un papel de impulso y mediación al Gobierno de Venezuela, esto es a Chávez. Lo que dice el juez Velasco en su auto, lo cierto es que lo sabíamos desde hace tiempo cuantos nos hemos querido interesar por estos asuntos. La presencia de ETA en Venezuela es incluso anterior a la llegada del chavismo, que ha protegido cuanto ha podido a los etarras, colocando a alguno en puestos oficiales, negando la extradición de otros y actuando como padrino de todos. Igual de conocido es el patronazgo de las FARC, del que Chávez se muestra tan orgulloso, que hasta ha erigido un monumento en Caracas en honor de Marulanda, el fallecido fundador de la narcoguerrilla terrorista. Como relata Velasco, fueron militares venezolanos quienes condujeron a los etarras al campamento de las FARC donde se entrenaron, entre otras cosas, en el lanzamiento de misiles tierra-aire, que quisieron experimentar contra el avión de Aznar, cuando todavía era Presidente del Gobierno. Curiosamente, el ministro de Exteriores de Chávez –un pobre zoquete sin muchas luces- acaba de decir que Velasco pertenece a “la mafia de Aznar” y unas cuantas más lindezas. Y Moratinos mira cobardemente para otro lado. Quizás lo más novedoso del auto de Velasco es lo que se refiere a los planes de las FARC para asesinar en España, con la complicidad de ETA, a varios políticos colombianos, incluido el propio Uribe, su antecesor Pastrana y la próxima candidata a la presidencia colombiana, Sanín. Se basa Velasco, en buena medida, en los datos recogidos en el ordenador del terrorista Reyes, muerto en territorio ecuatoriano, por una patrulla colombiana. Y no olvidemos que la Interpol ha visado y dado por buenos y auténticos los datos recogidos en ese ordenador.

La conducta del Gobierno y de su ministro Moratinos ante unos hechos tan graves, que se relacionan en un documento oficial procedente de un órgano del Poder Judicial, ha violado todos los usos y todas las prácticas diplomáticas y se ha concretado en un vergonzoso espectáculo que, en lenguaje castizo, habría que denominar bajada de pantalones. En una anticonstitucional interferencia en el ámbito judicial, el ministro se permite someter a revisión el auto del juez, violando las más elementales exigencias de la separación de poderes y, para mayor bochorno, firma con el Gobierno venezolano un insólito y humillante comunicado, sin más finalidad de aplacar las iras del golpista que tiraniza Venezuela. Por si no bastara su lamentable trayectoria de seis años, Moratinos queda con este comunicado completamente descalificado y a la altura del betún. Difícilmente se encontrará en los anales de la diplomacia nada semejante. Moratinos ha puesto a España en la condición de satélite de Venezuela, apresurándose a calmar el enfado del golpista. Como cuando el Moscú soviético bronqueaba a uno de sus satélites, por ejemplo, a Varsovia. Tras el sonrojante comunicado, Chávez ha quedado tan satisfecho, ya que se ha reconocido oficialmente que él “no tiene que dar explicaciones a nadie”. Y es un sarcasmo que Moratinos se haya prestado a firmar un papel en que se habla de la lucha común contra el terrorismo y uno de los que lo dicen es nada menos que el amigo de los Castro (bueno, Moratinos también lo es, a juzgar por los abrazos que se da con Castro II) y el protector de las FARC y de ETA. Así han “desactivado”, entre Moratinos y Chávez, “la campaña orquestada por la derecha fascista europea, dirigida por el imperio yanqui”, según el golpista. En una democracia que mereciera de veras ese nombre, el ministro de Exteriores ya habría dimitido. Mejor dicho, en una democracia normal no pasan estas cosas. En vez de defender la dignidad de España y de sus instituciones, Moratinos prefiere hacer de satélite de Caracas. ¡Y sigue en el ministerio! Por bastante menos, Turquía acaba de llamar a consultas a su embajador en Washington. ¡Ya podrían aprender de su socio en la Alianza de las Civilizaciones!

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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