La clave está en el poder de las imágenes, en un entorno dónde las frases las ponen el viento, las rocas y el frío. Son las condiciones extremas en las que tuvieron que rodar los dos grandes actores irlandeses que confiesan que siempre habían querido tener la oportunidad de participar en un western al estilo más clásico, con una cierta naturaleza mítica.
Su director asegura que quería hacer una película primaria, una persecución básica pero que además tuviera elementos de acción auténticos y específicos, para lograr como resultado una entretenida historia de persecuciones, pero que versara también sobre averiguar qué es lo realmente importante, y cuando abandonar antes de que las cosas te destruyan.

La película nos sitúa cinco años después de finalizada la Guerra Civil Norteamericana, cuando el coronel Carver contrata a varios hombres para que le ayuden en lo que él considera su última misión, seguir la pista en las montañas rocosas y dar caza, cueste lo que cueste, a Gideon, un soldado confederado al que considera responsable de hechos atroces que afectaron a su familia. Impulsada por la propia furia, la persecución les lleva a ambos lejos de las comodidades y las convenciones de la civilización, y les adentra en los rincones más sangrientos de sus propias almas.