Nos conviene una ETA preocupada por su seguridad
sábado 20 de marzo de 2010, 09:10h
Francia sigue conmocionada por la muerte de uno de sus gendarmes en el transcurso de una operación antiterrorista a principios de semana. Ahora se sabe que en el robo de coches en el que perdió la vida dicho gendarme pudo participar el actual jefe de ETA, Mikel de Kabiboitz Carrera Sarobe, lo cual significa que la operación de los gendarmes franceses ha frustrado una cadena de atentados. Así pues, el sacrificio del agente francés no ha sido en vano. También ha quedado demostrado que al menos una de las armas empleadas en el tiroteo fue robada durante la última tregua. O lo que es lo mismo, se confirman las informaciones que apuntaban a que la banda terrorista había aprovechado el alto el fuego ficticio para rearmarse y reorganizarse a nivel operativo. A nadie escapa que, en la actualidad, la situación de la organización es mucho peor que antaño. Está más débil, cierto, pero como señalaba el ministro Rubalcaba, conserva intacto su ánimo de matar; y ahí radica su verdadero peligro.
Si no comete más atentados no es porque no quiera, es porque no puede. El mérito de ello cabe atribuirlo a la estrategia de presión policial, judicial y política puesta en práctica por las autoridades francesas y españolas. Esa presión hace que ETA tenga que emplear un gran número de esfuerzos en defenderse y que, por tanto, no los emplee en matar. Y los resultados a la vista están: disminución del número de atentados, y aumento del de detenciones de terroristas. Hay que añadir que los que toman el relevo de los capturados por la policía suelen provenir de Batasuna, SEGI y demás marcas políticas del nacionalismo radical vasco, de lo que se deduce que unos y otros son la misma cosa.
Ahora que tanto se habla de las presuntas disensiones entre Otegui y algunos otros, basta con echar una ojeada a la filiación política de los últimos miembros de ETA en poder de la justicia para ver lo estéril que resulta esperar una condena de la violencia por parte del mundo abertzale. Iría contra natura condenarse a sí mismos. Por más que haya ilusos que sigan pensándolo, tan cosa no va a suceder. Intentar que así sea con insinuaciones de diálogo se ha revelado como un fracaso total; buena prueba de ello son los atentados de la T-4 en Madrid. Así las cosas, resulta evidente que la presión policial, política y judicial es la única vía posible para acabar con la lacra del terrorismo. Un terrorismo que, a la vista de las últimas acciones, está débil, pero muy vivo. Y por ello, no puede bajarse la guardia ni un solo momento.