El éxodo
martes 30 de marzo de 2010, 21:23h
Hay que armarse de valor, convencimiento, decisión, para confesar que no, que no salimos a disfrutar – vaya usted a saber si se trataría de verdadero goce- de las vacaciones que nos concede la Semana Santa. Nos creemos en la obligación de pedir disculpas, justificarse y convencer a los interlocutores de que no se trata de un problema de economía, ni de carencia del mileurismo, para tomar la casi sublime decisión de quedarnos tranquilamente en nuestros pagos.
Además, debemos dejar que nuestra memoria vacacione, para recordar que nuestros bares, nuestras tabernas favoritas, han decidido echar el cierre desde el jueves al lunes siguiente. ¿Y por qué no corresponderles haciendo rabona y olvidándolos una vez recuperada la normalidad?.
Como madrigallego me molesta que se abandone durante tantos puentes demás asuetos el lugar de residencia. A los que marchan en busca de procesiones, con permiso meteorológico, se les olvidan los desfiles procesionales de su localidad (pongamos Madrid).¡Si hasta se nos regalan saetas magistrales que nos emocionan al paso de las sacras imágenes! Cuando se detienen, se escucha la voz rasgada, emocionada, de una coplera de postín. O de un “cantaor” de tronío.
Reconozco que para valorar las cosas es necesario ser visitante. El que vacaciona no puede permitirse el dispendio de aconteceres. Mi amigo el bilbaíno Ignacio de Loyola trae escrito, en su agenda, todo lo que debe visitar en Madrid, comenzando por los museos, siguiendo por los musicales “igualitos a los de Broodway”, guardando fidelidad a tabernas, restaurantes y mesones de las dos Cavas y robando minutos al asueto porque hay que aprovechar el dispendio de viaje y estancia que estamos en el de profundis de las crisis.
Igualmente hay que aprovechar otro tipo de espectáculos como el fútbol y los Toros que no se que vengan los de Carol Rovira y trate de suprimirlos en el mismísimo congreso de diputados. Que el enemigo está en casa. Después del Rey y su sucesor, Fernando VII, tuvo que llegar un francés José Bonaparte, para reinstaurarlos. Por si las “mouches”, otro francés, Sarkozy gran aficionado a los toros , echándonos un capote y ante la que nos viene encima a los aficionados españoles, este nuevo Napoleón gabacho, ya ha enviado a sus mensajeros. Desde hace tiempo a esa eficacia llamada Simón Casas. Y, con mando en plaza (y en el toreo) a Sebastián Castella que demostró que puede levar, y lleva, con orgullo el dorsal número uno de este otro tour llamado Fiesta.
Estos días de vigilias, almas blancas en las procesiones, pasos, penitentes, gastronomía y dulcería propia de Semana Santa –las torrijas de la centenario “Casa Ciriaco” tengo para mí que ostentan la supremacía madrileña- están dedicados al éxodo. “Boom” de cruceros, dificultades para encontrar billetes en aviones, trenes, autobuses…
¡ Boom del éxodo ¡. Uno, por su parte no piensa alejarse de la Villa y Corte. Con eso de dejarlo para cualquier día va olvidándose de muchas cosas que deja de un día pada cualquier fecha.
Ese aplazamiento, pereza al fin y al cabo, lo disculpamos los gallegos con juna frase exacta: “¡Deixa que xá!” uséase: deja que ya…Algo parecido a esa indefinición que es “el día menos pensado”.