Aunque resulte sorprendente
miércoles 31 de marzo de 2010, 19:18h
Con el Jueves Santo, hoy mismo, comienzan los cuatro días fundamentales para la teología y piedad cristianas, la lógica evolución del misterio de la Encarnación, cuando Dios mismo decidió hacerse carne humana en las entrañas de una joven judía, que se llamaba María, hija de Joaquín y de Ana. Cuatro días en que, además, se introdujo en la historia del pensamiento clásico, demasiado olvidado ahora, el concepto de Amor como tan relevante cual el de Razón. Y en realidad, el desarrollo de la filosofía europea hasta nuestros días postmodernos, radica en la confrontación entre Amor y Razón, es decir, entre la donación gratuita y la definición de las cosas. Está claro que con el hallazgo de la inteligencia emocional se ha superado en parte tal conflicto, pero perdura en la latencia de la vida individual y social como asignatura pendiente del existir humano.
Sin embargo, al afirmar San Juan que “la Palabra/Razón se hizo Carne/Amor” en el comienzo de su versión evangélica, también se introduce en la Iglesia Cristiana la conjunción de ambos paradigmas y contemplamos la reducción a una sola realidad: la Palabra Encarnada como Divinidad Existente en la humanidad histórica. Si Dios se ha hecho hombre se han roto todas las divisiones filosóficas posibles al aparecer una estructura humana completamente alternativa a las anteriores y que ya dominará el horizonte histórico. Aunque resulte sorprendente.
Pues bien, el punto de llegada de tal Encarnación es la misteriosa Muerte del Amor Encarnado y su inmediata Resurrección Histórica como signo de Vida Eterna. Quien ama, muerte, y quien muere, es resucitado por el amor entregado gratuitamente. Desde hoy, Jueves Santo, al Domingo de Gloria, se extiende el desarrollo de la Encarnación. Y Dios se hace Camino, Verdad y Vida para los creyentes. Casi nada.
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Profesor de la Universidad Pontificia de Comillas
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