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La guerra en Iraq no ha terminado

Víctor Morales Lezcano
viernes 09 de abril de 2010, 18:44h
El resultado de las elecciones generales que se han celebrado en todo Iraq el 7 de marzo pasado, ha sorprendido por igual a nativos y a extranjeros, a juzgar por lo que comentan ciertos medios bien informados.

Frente a las expectativas alimentadas por millones de iraquíes -y varios círculos metropolitanos en Estados Unidos- el candidato de confesión chií, aunque secularizador, Iyad Allawi, ha resultado ganador por un estrecho margen frente al candidato aliadófilo Nuri Kamal al-Maliki.

Si es cierto que Iyad Allawi había colaborado antes con la política americana en Oriente Medio, el sesgo que fue adquiriendo el estado de la situación interior en Iraq desde el asedio a la coalición anglosajona a Sadam Hussein, hizo pensar que la armonización del ritmo político de la sociedad iraquí llevaría a la formación de un gobierno (¿por qué no de coalición?) dotado de suficiente estabilidad. Se apostó fuerte por esta opción hasta el punto de que “los hombres del presidente” -los Petraeus, los Mitchel- avanzaron el mes de agosto de 2010 en cuanto fecha límite para la permanencia de los últimos 93.000 soldados americanos en tierras de Mesopotamia.

Un programa de reconstrucción nacional, someramente aplicado desde hace menos de un año, vendría con el tiempo a curar las heridas que el largo paréntesis baathista del Iraq contemporáneo fue infligiendo a su población entre 1968-2003. Para entonces, se pensaba en la Casa Blanca, la guerra en Iraq quedaría reducida a ruido y furia evanescentes.

El caso es que la parva victoria electoral del candidato Allawi abre interrogantes que hacen peligrar el futuro inmediato del país. No todo el monte es todavía orégano. Dos otros descontentos de turno han sido el partido de los kurdos (Unión Patriótica) y los musulmanes de inclinación religioso-política sunní -muchos de ellos nostálgicos del largo período gubernamental de Sadam Hussien-.

Un ganador inesperado de los comicios ha vuelto a hacer una sorpresiva reaparición: Moqtada al-Sadr. Este clérigo chií, como es sabido, encarna a la perfección el personaje de Savonarola en edición musulmana. O sea, ha emergido de nuevo en cuanto defensor de la revolución de los clérigos chiíes contra el aparato político nacional, supuestamente corrupto, poco patriota e inhábil para sacar el país de la situación a que las circunstancias históricas lo vienen condenando desde hace cuatro decenios. El otro componente “con gancho” electoral que constituye la opción Al-Sadr, radica en la virulencia discursiva y en las manifestaciones netamente anti-americanas de sus numerosos seguidores.

Este panorama que ofrece el escenario iraquí, seis años después de haber sido inmolado el dictador, lleva a subrayar una vez más que las complejidades del paisaje humano del Oriente Medio y de la frontera Afgo-Paq burlan con frecuencia los cálculos de posguerra concebidos en Washington D.C.. La honesta intención americana de evacuar Mesopotamia este año, tras haber encarrilado la región por vías de normalización general, no parece, en este preciso momento, que tenga visos de cumplirse, al menos sin obstáculos considerables.

A los anglosajones les viene ocurriendo algo muy parecido desde hace tiempo -ya, casi- inmemorial. Ni en Israel en 1948, ni poco antes en Indostán; ni tampoco en Irán con el caso del ministro Mossadeq, los británicos primero, y luego los estadounidenses, han logrado no dejar secuelas desastrosas en el suelo y la memoria de los procesos descolonizadores acaecidos en el Oriente musulmán. Lo peor que podría ocurrir en esa parte del mundo es que las previsiones de terminación de la guerra y advenimiento de la paz en Afganistán (con un anunciado desalojo militar en el verano de 2011), puedan también fallar, con desdoro para los pacificadores y con el incremento de más mala conciencia ciudadana entre los responsables de cálculos fallidos en cadena.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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