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Zapatero, hispaniae conditor

Martín-Miguel Rubio Esteban
sábado 08 de marzo de 2008, 18:53h
Efectivamente, somos sensibles hasta la hiperestesia para reconocer la belleza musical del vacuo discurso de Zapatero. Zapatero nos ha elevado a los españoles (a partir de un estado prehumano) a nuestra condición de ciudadanos. Y ello presupone, naturalmente, que quien no llegue a poseer en absoluto las celícolas virtudes políticas que imparte la escuela zapateril debe ser segregado absolutamente de la sociedad. "¿Acaso -dirán algunos liberales sinvergüenzones- no existían ya ciudadanos españoles antes de que Zapatero llegase providencialmente al poder para desde allí poder infundir la sabiduría ciudadana?" Pues claro que no, o, al menos, no eran verdaderos ciudadanos.


Sólo su técnica de adoctrinamiento y propaganda nos hace advertir la oposición que media entre el hombre y el ciudadano: entre las virtudes de fraternidad que ligan a todos los hombres, y las virtudes políticas, que enfrentan hasta la muerte unos hombres a otros. Si la Democracia Clásica garantizaba que cada cual alumbre en sí mismo sus propias ideas, aquello que es más cercano a su propio ser, la Democracia zapateril es un repertorio de virtudes irrefragables que el Estado debe enseñar. Toda una nueva iglesia que quiere desplazar la antigua.


Para Zapatero, nuestro educador de la Humanidad, "todo es bueno", todas las cosas son buenas, pero cada una a su manera. En el fondo Zapatero es un optimista metafísico, en cuanto supone que las bondades opuestas, enfrentadas y heterogéneas de los hombres son armónicas. Y cuando a veces reconoce, con realismo accidental, que esas verdades se contraponen mutuamente, su optimismo se transforma en una suerte de cinismo. En cambio, Rajoy, al reconocer el conflicto dialéctico entre esas "bondades" de cada ser, entre los diversos individuos, clases sociales, intereses, caracteres, modos de vida, deseos políticos, pueblos o culturas, está reconociendo también que existe una jerarquía objetiva entre las acciones de los hombres, de las culturas y de los pueblos. Porque para un político o representante de una comunidad unida no todo es igual ni igualmente bueno. Ciertamente Zapatero representa una política y un político absolutamente inéditos en la Historia de la política española y europea. Todo un caso de naturaleza singular y críptica.


Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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