Samaranch
miércoles 21 de abril de 2010, 19:13h
Se ha ido, dueño y señor de todas sus enormes facultades, Juan Antonio Samaranch. Un hombre con dos felices obsesiones: España y el deporte. De todos los presidentes del comité olímpico internacional ha sido no solo el más brillante sino el que puntualmente mejor y más ha servido al universo mundo. Uno no puede ni debe decir esa frase tan presuntuosa que aplica a quienes considera “mi mejor amigo” pero sí era, efectivamente, junto a su mujer, la periodista Vivis Salisach, uno de esos amigos desde siempre y para siempre.
Todo ser humano nace con una vocación, convertida en deseo, que a veces se cumple. Juan Antonio, jugador internacional de Jockey sobre patines, tuvo la suerte de convertir su empreño en realidad. Alcanzó muchas metas; pero la primera y principal fue la de convertirse en “el señor de los anillos”.
Siempre veremos su vera efigie enmarcada, como un dije, en alguno de los aros olímpicos. No solamente quería servir a los Juegos Olímpicos sino a los países que enviaban a sus atletas a competir. De la misma manera que el que fue Embajador español en Moscú salvó unos juegos que la guerra fría hubiese malogrado. Pero a Juan Antonio nadie le podía decir la palabra no.
Una vez al frente del COI fue un verdadero embajador de la paz en las naciones en las que la paz no empezaba nunca. Paz que se hizo gracias al trabajo de Samaranch.
Compartimos muchas horas juntos y me cupo la suerte de, además de ser su amigo, convertirme en cronista de sus logros. Recuerdo muy especialmente la reunión de todos los comités olímpicos en Dubrovni, una de las más hermosas ciudades de la antigua Yugoslavia. Del lugar en el que está “la isla de los enamorados” salió hacia México el Emperador Maximiliano, con excelentes principios y fatal desenlace.
De allí salimos, con nuestra misión cumplida los Samaranch y una de sus primas hija del Conde de Godo. Hacia Italia
En una escala romana, las dos mujeres se quedaron en Roma con el deseo, cumplido, de que lo les presentase a mi amigo Rafael Alberti. Los días que pasamos juntos fueron inolvidables. El vate gaditano decía ante sus amigos que aquella noche tenía que cenar con la mujer del ministro de Deportes de Franco ¡ Al diablo con los fanatismos políticos por que Rafael prefería los fanatismos poéticos!.
A Juan Antonio le debemos los españoles unos brillantísimos Juegos Olímpicos, los celebrados en Barcelona. El apoyo la candidatura madrileña y dijo bien nuestro alcalde, Ruiz Gallardón, al afirmar que si se consiguen los juegos estará presente Samaranch.
Las próximas antorchas Olímpicas llevaran siempre, junto a su fuego, el fuego de una pasión bien controlada. Juan Antonio, coleccionista de obras de arte, de sellos postales y de ilusiones ocupa ya , dejando sus huellas indelebles, un lugar junto a las estrellas.