¿Otro Bush?
domingo 09 de marzo de 2008, 22:20h
Ya no resta duda alguna sobre quien representará al partido republicano en las próximas elecciones presidenciales norteamericanas.
El senador John McCain ha desarrollado en los últimos meses una fulgurante campaña hasta su nominación definitiva frente a uno de los dos candidatos demócratas.
Véase desde donde se vea, las posibilidades de McCain son muchas. En poco tiempo ha logrado un nivel de popularidad poco común en la historia política americana y algunos ya lo dan como futuro y seguro presidente de la nación. En esto, como en todo, conviene extremar la prudencia.
Aunque a estas alturas este tipo de apuestas son siempre peligrosas, McCain llegará a las elecciones con un nivel alto tanto de prestigio como de popularidad.
La pregunta que ahora se hacen muchos es si la presencia en la Casa Blanca de Bush ayudará a McCain en su batalla electoral. Nada es menos seguro.
Bush deja tras de sí un rastro polémico. No ha sido un gran presidente, muy pocos comentaristas lo calificarían hoy de modelo su mandato. En el mejor de los casos se dirá de él que debió afrontar una etapa dificilísima en la historia del imperio y que salió como pudo de la situación pese a que en un primer momento, a raíz de los atentados del 11-S tuvo con él a todo el país como un bloque compacto.
Ni en el terreno político militar (Irak) ni en el económico financiero, Bush fue capaz de administrar su poder con el tino, la prudencia y el sentido común exigibles al hombre que dirige el país más poderoso del planeta. Ahora es ya demasiado tarde para que el presidente pueda rectificar en los grandes asuntos que marcaron su mandato. Irak sigue siendo una jaula sangrienta de grillos y quien deba asumir la agenda trazada hace meses por Bush para resolver la situación, lo tendrá muy difícil. Sólo un verdadero taumaturgo político o un político extraordinario sería capaz ahora de poner las cosas en su sitio, pacificar al país en su conjunto, establecer en la región una paz duradera y lograr que Estado Unidos recuperase el prestigio y la habilidad perdidas estos años en los países del Golfo, en Oriente Medio y en el Mediterráneo. Como diría el torero, lo que no puede ser, no puedes ser y además... es imposible. La era Bush concluirá con mediocres resultados tanto en Medio Oriente como en América Latina (un tema del que apenas se ocupó su administración y que sinceramente no interesaba al presidente) y África.
Le guste o no le guste -en muchos capítulos no le gustará-, McCain deberá asumir la herencia del actual presidente aunque no como un todo. En el desgraciado problema de Irak, el aspirante no comparte todo cuanto hizo o está haciendo Bush allí. La verdad es que pocos políticos americanos, sean republicanos o demócratas asumirían el dossier sin retocarlo, modificarlo o cambiarlo en profundidad.
McCain tendrá que echarse al hombro este fardo aunque tal vez sea capaz de demostrar su valor y capacidad de mando, sentido de la oportunidad y popularidad merecida.
Lo mismo podría decirse con respecto a los graves problemas de carácter financiero, empresarial y de consumo popular que el país sufre. El primer fardo que el nuevo presidente, sea cual sea, deberá cargar será precisamente éste: una economía en dificultades, un país que las vive y las sufre un tanto escéptico y poco motivado.
Sería absurdo comparar a Bush y McCain como lo fue en su momento hacerlo entre Bush senior y junior. Baste decir que ni por temperamento, cultura, historia personal y política tienen nada que ver. Hace unas horas, cuando se confirmó la candidatura republicano hubo quien un tanto imprudentemente se preguntó: ¿otro Bush? al tiempo que se santiguaba. No caerá esa breva. Todo será distinto como los son los dos protagonistas de esta historia. Supuestamente Estados Unidos debería entrar en una nueva etapa de su historia si McCain, político fino y provincial, héroe de la guerra de Vietnam y personalidad multiforme y popular entrase en la Casa Blanca. Pero todavía falta tiempo. No corráis, que es peor, como se cuenta en la historia popular del paralítico y el tigre.
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Periodista
ALBERTO MÍGUEZ es periodista
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