ETA sin cabeza
viernes 21 de mayo de 2010, 00:42h
La detención de terroristas es siempre una buena noticia. Máxime si, como en esta ocasión, se vuelve a detener en Francia a la cúpula de ETA. Entre ellos, el último dirigente del aparato militar de la banda, Mikel Carrera, así como su posible sustituto y el asesino del gendarme francés, acribillado el invierno pasado durante el transcurso de un tiroteo. Se da la circunstancia de que el tal Carrera es hijo de un extorsionado por ETA, lo que da una idea de la catadura moral del personaje en cuestión. Nada extraño, por otro lado. Sólo alguien con una extrema bajeza moral puede rebajarse a engrosar las filas de una cuadrilla de asesinos de la peor calaña como ETA. Demasiado tiempo llevan ya mostrando su auténtico rostro como para pensar que aún queda alguien en su interior con un mínimo de humanidad.
Demasiado tiempo también es el que lleva ETA derrotada, por más que se resista a poner fin a su espiral de muerte. Esa derrota se la ha infligido la práctica totalidad de la sociedad española, que ha demostrado que en este país caben todas las ideas, salvo las de muerte y destrucción. Y esa derrota será total cuando esa pequeñísima parte de la sociedad española que aún ampara a la banda deje de de hacerlo y recapacite que, por más que comparta los fines, los medios inhabilitan cualquier rédito posible. Nos referimos a esa parte del nacionalismo vasco que sigue viendo a los etarras como “chicos descarriados” -Arzalluz dixit- en lugar de lo que realmente son, deplorables asesinos. El día que ETA al completo, tanto sus comandos como sus marcas políticas y organizaciones juveniles, vea que ya no tiene el apoyo de los baztokis, será su fin. Pero mientras exista ese apoyo, ETA seguirá haciendo de las suyas. Al igual que mientras siga albergando la esperanza de que el ejecutivo de turno se siente a negociar no se sabe muy bien qué. Cerradas estas dos vías, ETA acabará. Que tomen nota el PNV y el resto de los partidos políticos.