¿Es pecado tener dinero?
domingo 23 de mayo de 2010, 15:35h
Como en la serie “Perdidos”, todos parecemos estar inmersos en varias realidades paralelas. Por una parte está el cómo nos gustaría ser. Jugamos a vivir y ser de una manera ideal. Nos encanta dar opiniones acordes con esa ética ideal del igualitarismo, la generosidad, el buen rollito y la solidaridad. Aplicamos la doctrina de lo políticamente correcto en nuestro día a día, eso sí, de forma casi exclusivamente dialéctica, y entre caña y caña o mientras criticamos la maldad de los otros, dibujamos un autorretrato digno del ser más avanzado de esas sociedades nórdicas a las que tanto admiramos. Lo malo es las “realidades”, la de nuestro yo ideal e idealista, y la de nuestro yo peludo, feo e imperfecto, no son paralelas sino que se cruzan, desintegrando la última con su mal olor y consistencia a la dulce primera.
El otro día, hablando con unos amigos a cuenta de la reforma de la seguridad social en EEUU, varios de ellos aprovechaban para echar pestes sobre los “malvados americanos” que se las dan de avanzados cuando puedes morir de una apendicitis por no poder pagar la operación, mientras que aquí cubrimos hasta las intervenciones de cambio de sexo. Qué amigos más solidarios tengo, las cosas como están y ellos siguen defendiendo la seguridad social universal, pensé orgullosa. Hasta que acto seguido, uno de ellos agregó que, claro, en España a todos estos inmigrantes que vienen a abusar de nuestra sanidad pública habría que prohibirles la atención médica.
Yo, que también creo que habría que controlar de alguna forma a todos esos abuelos ingleses que se vienen a operar de cadera, mientras aprovechan para pasar las vacaciones en la costa mediterránea, pensé que sólo se trataba de un exabrupto pasajero. Pero no, mi amigo, al que se le sumó el resto, afirmó que eso de que utilizaran su dinero para curar a un “montón de moros” les parecía fatal. Aquí, el que quiera algo que se lo curre, dijeron.
Suavemente les indiqué que ésa era, precisamente, la idea básica que subyace detrás del americano medio, que desconfía de un Estado excesivamente fuerte y prefiere administrar el mismo su dinero y comprar con él todo lo que necesite, incluido el médico. Nos podrá gustar más o menos esta mentalidad individualista y poco dada al buenismo europeo, pero visto lo visto, a la hora de la verdad todos tendemos a esa actitud. Pero noooooo, ellos me explicaron que no estaban por la labor de dejar a mendigos o gentes sin posibles –puramente españoles, eso sí- morir en la puerta del hospital. Con prohibir la atención médica a un inmigrante que, por ejemplo, no pueda demostrar que lleva más de un año cotizando, basta. Vaya, mejor aún, pensé, prefieren quedar de racistas que de capitalistas.
Como quiero mucho a mis amigos y en eso de las realidades paralelas caemos todos, dejé ahí el tema. Pero no puedo parar de darle vueltas. Sobre todo, cuando escucho a personas que me sueltan discursos izquierdosos y aún siguen predicando eso de que los ricos votan al PP y los pobres al PSOE, mientras se quejan del mal servicio de los hoteles de cinco estrellas de la India. O de igualdad entre pueblos y razas, mientras sonríen con excesiva amabilidad, como si de un mono de feria se tratara, al panchito del bar de la esquina, con el que, eso sí, no saldrían de copas jamás. No entra en su círculo. Y me parece fenomenal que cada cuál se gaste su dinero cómo y cuando quiera, que elija a sus amigos como mejor le convenga. Pero no que se inventen las historias que les de la gana para ocultar la triste –o simple- realidad que nos iguala a todos: que todos tenemos prejuicios, somos egoístas y que a nadie, ni al votante más convencido de IU, le gusta que le toquen lo suyo –bendita propiedad privada-. Cuando sobra, resulta fácil disimular. Pero cuando llegan las vacas flacas, como ahora, es cuando se revela que el doctor Jekyll era una farsa. “¿Es que es un pecado tener dinero?”, se preguntaba la pasada semana la mujer de Bono. Pregúnteselo a los suyos, señora.
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Periodista
Regina Martínez Idarreta es investigadora del Instituto Universitario Ortega y Gasset
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