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Cuando nos acercamos al precipicio

Álvaro Ballesteros
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cronicasdelmundogmailcom/16/16/22
jueves 03 de junio de 2010, 15:40h
“Cada elección que hacemos muestra quiénes somos realmente, más aun que nuestras propias habilidades”.

J. K. Rowling, “Harry Potter y la Cámara de los Secretos” (1999)

Los últimos acontecimientos en el Mediterráneo oriental, con las Fuerzas Armadas israelíes atacando en aguas internacionales la flotilla de barcos civiles que transportaban bajo pabellón turco ayuda humanitaria a Gaza, ha puesto a Occidente en su conjunto en un aprieto estructural de consecuencias peligrosamente alarmantes. Todos de nuevo ante el espejo, desnudos con la doble vara de medir en la mano. Atrapados ante la dramática realidad que sanciona la desigualdad de los actores en la escena internacional. Víctimas y verdugos vistos de un color o de otro, según sea su nacionalidad. Condenas o lamentos según sean las víctimas de la violencia de un lado o de otro. Occidente, de nuevo con pies de barro.

Llevo toda la vida condenando sin reparos la violencia antisemita y los ataques de los terroristas desalmados de Hamas y Hezbollah contra Israel. Llevo años denunciando las violaciones de los Derechos Humanos y los ataques a la legalidad internacional. Llevo años denunciando la injusticia y por ello no puedo callarme hoy, ante semejante deriva internacional. Así como no me cansaré de denunciar y criticar a todos aquellos que confundían interesadamente a Bush con los EE.UU. (como aquel impresentable Zapatero que no se levantó ante la bandera norteamericana), tampoco me puedo callar ante los que quieren también interesadamente seguir confundiendo el Estado de Israel con el gobierno israelí del momento y sus acciones.

Desde esta perspectiva, es intolerable la falta de condena enérgica de la Comunidad Internacional contra el ataque a los buques civiles bajo pabellón turco en aguas internacionales. Y es intolerable porque esta acción del todo desproporcionada supone una terrible violación del sistema legal internacional. Atacar un buque en aguas internacionales supone un acto de guerra contra el país cuya bandera ondea en el buque. Más aun si el buque es civil y no hay justificación alguna para semejante acción, que se podía haber evitado con otras medidas disuasorias al alcance de la mano. Por ejemplo, bloqueando el acceso de la flotilla a las aguas territoriales israelíes, repeler los barcos con cañones de agua, buscar el apoyo del gobierno turco (aliado tradicional de Israel) a la hora de prevenir la entrada de la flotilla en aguas israelíes, etc. El mensaje de contundencia política desmedida del gobierno de Netanyahu es claro, y sería aceptable si no fuese porque se ha vuelto a posicionar por encima de la legalidad internacional con absoluto desprecio de la vida de otros.

Lo más trágico es que nos estamos destrozando el futuro nosotros mismos: los occidentales. Un ataque de semejante calado entre dos socios democráticos occidentales como son Israel y Turquía es del todo inconcebible, imperdonable, inaceptable. No tiene sentido se mire por donde se mire: no hace más que debilitar aun más un ordenamiento legal internacional que es esencial mantener (nos va la vida en ello, precisamente a nosotros, los occidentales), y debilita nuestras propias alianzas para dar alas a nuestro enemigo común, que no es otro que el radicalismo terrorista encarnado por Hamas, Hezbollah y el régimen de los Ayatollahs que les da cobertura.

Ataques descerebrados como este y la reacción pusilánime internacional sirven sobre todo a líderes como Ahmadinejad, que se benefician de nuestro enfrentamiento fratricida.

¿Cómo habría reaccionado Israel si los buques civiles fuesen suyos, y los soldados asaltantes fuesen iraníes? ¿Cómo habría reaccionado la propia Comunidad Internacional? ¿Washington, Paris, Londres, Bruselas? No hace falta ni explicarlo, ¿verdad? Pues esa es precisamente la doble vara de medir que nos mata, la falta total de coherencia que nos hace débiles frente a los fanáticos terroristas que hemos de combatir para preservar nuestros valores. La gravedad de la situación es supina, y por ello debemos exigir de nuestros líderes que se embarquen en una serie de contactos para asegurar que esto no se vuelva a repetir.

Ahora debemos concentrarnos en buscar medidas oportunas que nos permitan superar esta situación. Obviamente, el gobierno israelí (con Netanyahu a la cabeza) debería pedir perdón inmediatamente al gobierno turco, destituyendo al Ministro de Defensa y al mando responsable de la operación de asalto a los buques turcos. Una comisión conjunta israelo-turca debería formarse con apoyo internacional lo antes posible para evaluar el ataque y dirimir responsabilidades de modo completo, estableciendo compensaciones para las víctimas y proponiendo medidas para prevenir posibles situaciones similares en el futuro. Al mismo tiempo, es esencial prevenir los ataques de descontrolados contra las embajadas y consulados de Israel, y promover que Occidente se implique en una campaña conjunta (desde la ONU, la OTAN, la UE e iniciativas bilaterales) para reforzar los lazos entre Israel y Turquía, profundamente dañados en los últimos años. Demasiadas cosas dependen esencialmente de que ese vínculo común se refuerce como es debido y no sucumba. La tensión entre Ankara y Tel-Aviv (ambos aliados occidentales esenciales en la región) puede herir de muerte los intereses de Occidente a escala global, y ello tendría consecuencias que es mejor ni imaginar a estas alturas.

Por último, es esencial que nuestros líderes occidentales recuperen la labor pedagógica de la política, como herramienta al servicio de nuestras sociedades precisamente ante situaciones que nos llevan al precipicio. Criticar las acciones del gobierno israelí cuando éstas son desmesuradas no puede equivaler al anti-semitismo, y las medias tintas al catalogar el ataque injustificado a los buques civiles en aguas internacionales son también peligrosas. Peligrosas porque dan a entender que si los atacantes son iraníes o palestinos, el ataque es condenado contundentemente; si son israelíes, tan solo “se lamenta la muerte” de las víctimas, como si éstas hubiesen fallecido de causa natural. Igualmente comprometida es la equidistancia del que compara la operación militar que dio lugar a la muerte de los activistas turcos, con la propia organización de la “flotilla de la libertad”, justificando esta equidistancia como razón para evitar una “condena prematura” a la acción de los militares israelíes que asaltaron el buque Mavi Marmara.

El cuadragésimo Presidente norteamericano, Ronald Reagan, dijo en 1980 ante una situación nacional de deterioro político-económico que ya quisiéramos para nosotros en la España a la deriva de 2010: "No pienso quedarme parado viendo cómo este gran país se destruye a sí mismo bajo el liderazgo mediocre de quien deambula de crisis en crisis, erosionando nuestro ánimo y nuestro sentido nacional".

Tal vez tengamos que empezar a asumir que la Comunidad Internacional nos necesita tanto como nuestros propios países para comprometernos a no quedarnos de brazos cruzados viendo como Occidente “se destruye a sí mismo bajo el liderazgo mediocre de quien deambula de crisis en crisis”.

Tal vez solo comprometiéndonos activamente podamos corregir esta peligrosísima situación de deriva internacional que puede llevarnos muy pronto a situaciones dramáticas que creíamos haber dejado detrás hace ya décadas. Algo va demasiado mal cuando tenemos que echar mano de las citas de Ronald Reagan ante la constatación más absoluta de la falta de líderes españoles y europeos con los que hacer frente a una situación tan preocupante como la actual. Tanto dentro como fuera de España.

Europa, como nuestro propio país, se pregunta con desasosiego: “¿dónde están nuestros líderes cuando nos acercamos al precipicio?”

Álvaro Ballesteros

Experto en Seguridad Internacional y Política Exterior

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