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Europa debe disciplinarse

domingo 13 de junio de 2010, 09:34h
La economía globalizada tiene ventajas e inconvenientes. Entre éstos últimos está el hecho de que lo malo que se haga en un país repercute negativamente en el resto; de ahí que casos como los de Grecia, Portugal o España preocupen sobremanera a sus socios europeos y, de rebote, a los americanos, chinos y japoneses. Así las cosas, urge implementar medidas que, por duras que sean, reduzcan al máximo un gasto público que está ahogando a las economías de la Unión. David Cameron se encontró a su llegada a Downing Street con una hacienda pública “peor de lo que se esperaba”; y la situación también es delicada en países punteros como Alemania o Francia. De hecho, en estos dos últimos casos, tanto Merkel como Sarkozy han anunciado que las iniciativas a adoptar recortarán importantes partidas públicas y afectarán a algo tan teóricamente intocable como es el empleo público.

Porque es ahí, en el empleo, donde está la clave. Un sistema, como el imperante en la mayoría de los países europeos, que no sólo no incentive contrataciones sino que las dificulte con ingentes trabas burocráticas está llamado al fracaso. Los resultados ahí están; véase el caso español. Si el Viejo Continente quiere seguir disfrutando de un Estado de Bienestar, tendrá que poner los cimientos para que no se derrumbe. Y a día de hoy, amenaza ruina. Cuestiones tales como la flexibilización del mercado de trabajo, el copago sanitario o la congelación de las pensiones han acabado por demostrarse más abordables de lo que muchos imaginaban, pero imprescindibles, si lo que se quiere es salir del pozo. No es el momento de la demagogia ni de las poses fáciles, sino de actuar contundentemente ante un problema cuya gravedad seguirá aumentando si no se ataja de raíz.
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