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¿Una nueva bisagra de la historia política argentina?

martes 06 de julio de 2010, 19:09h
Intelectuales afines al oficialismo como el filósofo Ricardo Forster han definido la llegada al poder de Néstor Kirchner y Cristina Fernández como “una fisura impredecible e imprevista en el devenir de la historia argentina”.

Forster sostiene que las fisuras de la historia constituyen momentos que, por lo general, suelen tomarnos desprevenidos o poco atentos para leer sus características y lo que abren en el horizonte de una sociedad. En este registro se plantea la existencia de una nueva etapa con ribetes históricos a partir del 25 de mayo del 2003, una “fisura en la historia”, de esas que ofrecen la oportunidad de ser contemporáneos de un proceso de transformaciones.

Tres serían los pilares sobre lo cuales plantear la existencia de este “nuevo tiempo histórico” de la política argentina: la puesta en marcha de un nuevo modelo de desarrollo productivo con inclusión social y radical redistribución del ingreso, la mejora en la calidad de las instituciones democráticas y la puesta en marcha de una política en el terreno de los derechos humanos que viene a finalizar con un ciclo de impunidad consagrado en las leyes de Punto Final y Obediencia Debida dictadas durante el gobierno de Raúl Alfonsín, y los indultos de Carlos Menem.

Respecto del primero, merece ser destacado que el inicio de un “nuevo ciclo productivo” data de finales del año 2001 y comienzos del 2002 cuando, en el marco de la más grave crisis de la historia política argentina, los ex presidentes Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde adoptaron estrategias drásticas de ajuste en el comienzo de este nuevo ciclo declarando la cesación de pagos de la deuda externa el primero y devaluando la moneda argentina y pesificando la economía el segundo, llevando a cabo la “tarea sucia” de la implementación del nuevo modelo. Tras el ajuste inicial y en el marco de un nuevo proceso de recuperación de la economía internacional hasta el año 2008, la economía argentina alcanzó niveles de crecimiento similares a los de la década anterior. Por otra parte, la evidencia empírica no acompaña las referencias a la mejora de la distribución del ingreso y la inclusión social proclamada, manteniéndose patrones de naturaleza similar a los de la década de 1990.

En relación a la mejora de la calidad democrática resulta difícil sostener esta afirmación dado que, siguiendo lineamientos definidos por sus antecesores, el ex presidente Néstor Kirchner ha sustentado el ejercicio de su gestión gubernamental sobre la base de la invocación de la emergencia como principio de legitimidad, con la correspondiente apelación a la utilización de recursos de excepción, en detrimento de los procesos deliberativos propios de la democracia representativa. Pese a controlar la mayoría de ambas cámaras del Congreso, Néstor Kirchner ha preferido en reiteradas ocasiones hacer uso de las facultades legislativas del poder ejecutivo, a través de decretos de necesidad y urgencia en vez de seguir los trámites ordinarios previstos para la sanción de leyes. Aunque ha sido escasa, en el caso de Cristina Fernández, la recurrencia a los decretos de necesidad y urgencia como herramienta para la decisión política, la apelación a este recurso a partir de diciembre del 2009, en coincidencia con la pérdida de la mayoría legislativa por parte del oficialismo, ha generado un endurecimiento de la relación entre el oficialismo y la oposición.

Finalmente, en el terreno de los derechos humanos, Néstor Kirchner ha dado lugar a la reapertura de los juicios a los integrantes de las fuerzas armadas, iniciativa clausurada durante los años del gobierno de Raúl Alfonsín a través de las “leyes de la impunidad” en un contexto de fuerte presión corporativa y mayor capacidad para el ejercicio de dicha presión por parte de las fuerzas armadas que el actualmente presente –un párrafo aparte merece el indulto de Carlos Menem intencionalmente comparado con las leyes mencionadas para poder construir esa continuidad y la ruptura a partir del 2003-.

También merece ser destacado que esta reapertura y su relato correspondiente han hecho omisión de hitos centrales en la búsqueda de justicia como la creación de la Comisión Nacional sobre la desaparición de personas-CONADEP, la investigación realizada por dicha comisión que sirvió de insumo para la sustanciación de los históricos juicios a las juntas militares en el complejo escenario descrito y el juicio a los responsables de la dirección política de la guerra de las islas Malvinas.

¿Fisura en la historia? Más bien, e invirtiendo la consigna de Cristina Fernández durante la campaña presidencial de 2007, el cambio dentro de la continuidad.
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