Las principales plazas y calles de las capitales de América Latina se tiñeron de rojo y amarillo para festejar la victoria de la “Furia roja” en el Mundial de Sudáfrica 2010. Desde Buenos Aires a Ciudad de México, miles de seguidores gritaron “Campeones, campeones” al ritmo del “waka waka”, las vuvuzelas y las bocinas ante el tanto de Andrés Iniesta.
Más allá de ostentar una importante comunidad española, países como Argentina, México, Uruguay y Venezuela, se sumaron a la “Fiesta brava” de la “Roja” para apoyar a España en su recta final hacia la conquista del Olimpo del fútbol, porque a Latinoamérica le hacia ilusión que la Copa del Mundo se la llevará un país que no sólo hablara su mismo idioma; también su lenguaje futbolístico, aquel que va del “balón en el suelo”, el “juego bonito” y el “tiki-taka”.
En Buenos Aires, ciudad donde residen 300.000 españoles, en su mayoría de origen gallego, la marea “roja” inundó el Obelisco de la Avenida 9 de Julio. Más de un millar de personas celebraron con banderas, gaitas y cidra, el triunfo de España ante una Holanda que en vez de jugar, ofrecía un catalogo de patadas a lo Jean- Claude Van Damme.
"A la roja la llevo dentro del corazón y hace mucho tiempo que soy del Español. Soy gallego", presumía eufórico Pablo Francisco, de 29 años, hincha del Deportivo Español argentino, un equipo nacido en el barrio del Bajo Flores, que debe su nombre a los inmigrantes españoles que lo habitan.
Al Obelisco también llegaron muchos seguidores de otros equipos, como el grupo de jóvenes brasileños que, una vez derrotada Brasil en el Mundial, apostaron por España. "Estamos con el mejor equipo del mundo", gritaba uno de los jóvenes estudiantes brasileños portando una bandera española.
Por su parte, el embajador de España en Argentina, Rafael Estrella admitió que más de uno estuvo al borde del infarto en la sede diplomática, donde 300 personas se congregaron para ver el partido. "A pesar de lo ajustado del resultado ha sido un partido como tiene que ser entre los dos mejores equipos del mundo", pero "ganó el mejor de los dos", señaló tras superar el susto por la demora del ansiado gol de la victoria.
Entre tanto, al otro lado del Río de la Plata, en la tierra de Diego Forlán, alrededor de 200 españoles simpatizantes de la “Roja” se acercaron al Club Español de Montevideo para alentar a la selección desde la distancia.

Una enorme sala decorada con numerosas banderas y globos roji-amarillos, los aficionados observaron el partido sin despegarse de sus asientos. Ciento dieciséis minutos de angustia y tensión que se rompieron con el gol de Iniesta en los minutos finales de una prórroga que auguraba una final de duelo de porteros.
La alegría se tradujo en una caravana de automóviles conformada por veteranos emigrantes, jóvenes becarios procedentes de cada rincón de la Península, así como un importante séquito de simpatizantes uruguayos, que recorrieron la capital ondeando las banderas españolas, las cuales se podían adquirir en cada esquina del centro de la capital.
"Estoy bárbaro ahora, pero sufrimos. Menos mal que mantuvimos la fe hasta el último minuto", aseguró Daniel Pérez, un veterano asturiano que lleva más de 40 años residiendo en Uruguay.
Al otro lado del Atlántico, en la Cibeles...Este domingo en la Plaza Cibeles de México D.F, se convirtió en una extensión de la fuente madrileña, tras congregarse 5.000 españoles que actualmente residen en el país azteca.
Niños pequeños, acompañaban a sus padres y abuelos, ataviados con casacas rojas, bufandas y banderas de España, en una comparsa en la que se sumaron centenares de mexicanos que les acompañaban al ritmo de “Lo, lo, lo,lo,loooooo... ¡Qué viva España”, que llegó a esta Plaza de Cibeles, donada a México por la comunidad de Madrid.
Entre los asistentes se encontraba Víctor Suárez Cué, un longevo asturiano de 92 años de edad, que aseguró que esperó por ocho décadas para celebrar este triunfo. "Llevo ochenta años viendo Mundiales y ochenta años que, cada vez, pedía que España ocupara un lugar mejor, hasta que hoy se me ha cumplido. Ya me puedo morir", dijo tras esbozar una sonrisa Suárez, quien siempre estuvo acompañado de su hija Nieves.
Celebran hasta los que no clasifican al MundialPese a que su selección, “La vinotinto”, no ha logrado colarse en la clasificación para un Mundial, los venezolanos desde siempre han vivido con euforia y entusiasmo el evento futbolístico, y con España en la final no podía ser la excepción, dado que en ese país habita una importante comunidad española.
"Algo excepcional, fuera de lo normal", dijo Miguel Ángel Martínez, un español radicado en Venezuela, mientras veía el partido en una de las pantallas grandes dispuestas para la final en una plaza del este de la capital venezolana. "Como asturiana, los goles de Villa me llegaron al alma", agregó Judith García, quien llevaba una bandera asturiana colgada al cuello.?

Por un día Venezuela se olvidó de la política y del carácter proscrito que tiene el color rojo en alguno sectores de la población, para apoyar a España en su paso a la historia de los grandes del fútbol. Las calles de Caracas se vistieron de gala con las banderas españolas y se ensordecieron a punta de bocinazos para celebrar y trasnocharse con el triunfo del combinado de Vicente del Bosque. Una victoria que dejó al controvertido presidente Hugo Chávez en un segundo plano en las portadas de los principales diarios venezolanos.?