Este sábado será el nuevo presidente del país
Comienza la era Santos en Colombia
sábado 07 de agosto de 2010, 09:58h
Luego de ocho años de una gestión marcada más por los triunfos que por los fracasos, Álvaro Uribe le cede el testigo a Juan Manuel Santos, su brazo derecho y el actual presidente de una Colombia que camina con miras futuro. Sendero que por momentos se ha visto empañado por los escándalos de espionaje, la “parapolítica” los “falsos positivos” y las tensiones con sus vecinos.
Ante trece presidentes latinoamericanos y el Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, Juan Manuel Santos será investido como Jefe del Estado colombiano este sábado 7 de agosto. El que fuera ministro de Defensa de su país y hombre clave para el debilitamiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) gracias a exitosos golpes militares como las operaciones “Fénix”, “Jaque” y “Camaleón”, promete seguir el paso trazado por el que muchos consideran su mentor Álvaro Uribe, a fin de darle continuidad al florecimiento económico y diplomático que ha experimentado el país en los últimos ocho años, así como concluir una materia pendiente: el fin de la guerrilla.
Aún cuando Santos es sinónimo de continuidad en un proyecto político que en retrospectiva ha sido uno de los más eficaces dentro de América Latina, sobre todo por la coyuntura que precede a Colombia; el mandatario electo ha aclarado en varias ocasiones que no va a ser un clon de Uribe, sino su sucesor.
Si bien su equipo de gobierno está conformado por figuras que se han comprometido a mantener la línea uribista, no por ello va a dejar de implementar un nuevo estilo de gobernanza, que estará sobre la base de un sistema de “unidad nacional”, el cual apuesta por un gobierno de coalición con el propósito de lograr el mayor consenso posible entre los principales actores políticos y de esta manera acabar con ese personalismo presidencial tan presente durante el mandato de Uribe que se tradujeron en importantes desencuentros entre el Ejecutivo y el resto de los poderes del Estado.
Pero antes de lograr esa “paz institucional” e imponer un “estilo propio”, Santos deberá darse a la tarea de aliviar las tensiones diplomáticas con Ecuador y Venezuela, y zanjar de una vez por todas, cincuenta años de conflicto armado en Colombia.
Para el ex canciller colombiano Guillermo Fernández el nuevo Gobierno deberá "encontrar la manera de reactivar, sobre la base de unos mínimos consensos, los mecanismos binacionales que en los últimos años no han funcionado" con Venezuela. Mientras que con Ecuador, agregó, ha de "desarrollar una hoja de ruta que los dos gobiernos han establecido para completar la normalización de las relaciones diplomáticas".
Este último punto no será un asunto fácil de resolver para Santos. La justicia ecuatoriana tiene intenciones de procesarlo por el bombardeo del Ejército colombiano a la localidad fronteriza de Angostura el 1 de marzo de 2008, en donde fue abatido el número dos de las FARC, Raúl Reyes. Lo que resulta un hecho contradictorio dada la disposición de diálogo mostrada por Rafael Correa.
En cuanto al tema de la guerrilla el director de la Corporación Nuevo Arco Iris, León Valencia, reconoció que durante los ocho años del mandato de Uribe, y en especial cuando Santos fue ministro de Defensa (2006-2009), se le arrebató a las FARC y al ELN toda posibilidad de triunfo a través de las armas.
Sin embargo, Valencia señaló que pese a la efectividad de la ofensiva militar, el Estado no está en condiciones de acabar por la vía castrense con la narcoguerrilla, aún cuando la Casa de Nariño haya destinado millonarios recursos para ese fin. Una situación que obligará a Santos a "combinar la presión militar con alguna estrategia de negociación, con miras a dar un paso serio hacia la terminación de la guerra y la reconciliación nacional". Pero a este factor se le suma el paraguas que ha sido el gobierno de Hugo Chávez para los rebeldes, que les ha permitido actuar desde el otro lado de la frontera.
Colombia ha experimentado una madurez política y social durante el uribismo, que le ha valido ganarse el respeto y la credibilidad dentro de la comunidad internacional, con sus triunfos y sus escándalos. Ahora le toca el turno a Juan Manuel Santos de seguir el rumbo de un país que se orienta hacia una dirección con miras al futuro, pero al que todavía le queda camino por recorrer.